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Film francés, Entre los Muros.-ESPACIO CURRIC.-TEORÌAY PROC. CURRICULAR-3º AÑO.-LUCIO.

Grupos heterogéneos Entre los muros: un film que (se) interroga sobre la educación La película de Laurent Cantet está basada en la obra del escritor y docente François Begaudeau, que también protagoniza el film, encarnando a M. Marin. Junto a él, un grupo de actores no profesionales, seleccionados entre los estudiantes de una escuela media de París, recrean la vida en la escuela. La extraordinaria calidad del resultado hizo que Entre los muros se alzara con el premio mayor en el Festival de Cannes de 2008, barriendo con el glamour, la celebridad y las superproducciones. Entre los muros es no solo un film ineludible para los educadores sino un sugerente material para compartir y discutir con los alumnos.

WERNER JAEGER Paideia: los ideales de la cultura griega

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jueves, 20 de octubre de 2011

Piqueteros y caceroleros. Aportes para el estudio de los neologismos recientes en el español de la Argentina.

En Revista Español Actual, 2002, 74, pp. 37-58.

Piqueteros y caceroleros.
Aportes para el estudio de los neologismos recientes en el español de la Argentina.

Mabel Giammatteo e Hilda Albano
Universidad de Buenos Aires

Le mot, sans doute, ne tombent pas du ciel:
ils naissent à leur heure.
Matoré, G., La methode en lexicologie

1. Introducción

A partir del análisis de la conformación interna de un corpus de neologismos recientes del español de la Argentina pertenecientes al nivel de lengua general, es decir, el que se emplea en la escuela, los medios de comunicación o la conversación habitual, en el presente trabajo nos proponemos reconsiderar las tendencias morfológicas vigentes en la creación de nuevas palabras. En principio, nos interesa valorar los distintos procedimientos morfológicos empleados en función del sistema de la lengua al que pertenecen los neologismos, pero no desdeñamos, en la medida en que resulte explicativo de los procesos estudiados, establecer la correlación con el dominio particular en el que el nuevo término se ha originado. Así, es posible afirmar que el neologismo encuentra su explicación más completa al considerarse conjuntamente tanto los aspectos intralingüísticos de su formación como su funcionamiento en un ámbito específico determinado.
Asimismo, respecto de la motivación para el surgimiento de nuevos términos en la lengua, pretendemos mostrar que no pueden justificarse exclusivamente en el marco estrecho de la necesidad de denominar objetos o conceptos nuevos. En este sentido, nuestro punto de partida coincide con Matoré (1953), a quien el hecho de que las primeras sociedades se valían de diferentes nombres para denominar a las distintas especies, como p.ej. encina, pino, abedul, etc., pero no poseían un término general para referirse a árbol, le sugiere que hasta que la palabra genérica no nace, esas sociedades tampoco disponían del concepto correspondiente. Igualmente, si bien desde sus orígenes el hombre ha vivido en grupos y conformado distintos tipos de sociedades, no es hasta el siglo XVIII en que aparece la palabra civilización, cuando se cristaliza este concepto. En suma, para Matoré «las palabras no expresan las cosas, sino la conciencia que los hombres tienen de ellas » (pág. 43). De este modo, y sin dejar de reconocer la fuerte incidencia del medio – como más adelante veremos que muy bien ejemplifica nuestro corpus -, no es tan solo una modificación en las condiciones externas lo que origina el nacimiento de una nueva palabra, sino que lo que lo determina fundamentalmente es la percepción, por parte del hablante, de una “porción de realidad” como una nueva “gestalt” con propiedades específicas y conceptualmente aislable del resto. Así, p. ej., cuando el teléfono celular, deja de considerarse simplemente una clase más de teléfono, y se convierte en un elemento particular que permite un tipo de comunicación con características especiales, se produce la conversión categorial que lo transforma en (el) celular. Proceso también apoyado en la fuerte tendencia a la expresión más económica, ya que no debemos olvidar que en este, como en otros casos que veremos, cuanto más factores se combinan, más factible resulta la consolidación del neologismo.
Por último, Matoré también advierte acerca de la diferencia entre acuñaciones necesarias, que nacen para designar nuevas realidades, y creaciones «de lujo», solo justificables por razones estéticas o lúdicas.

2. Marco teórico

2. 1. La creación neológica
A pesar de que tanto la etimología como el significado del término parecen transparentes (cf. def. DRAE infr.), en realidad, el concepto de neologismo resulta escurridizo. Según Alvar Ezquerra (1999: 39), no resulta fácil saber qué es un neologismo y, desde una postura estricta, hasta se podría afirmar que el neologismo no existe, pues desde el momento en que se empieza a utilizarlo, comienza a no serlo.Para Gilbert (cit. en Alvar Ezquerra pág. 40):

...el neologismo, comporta en sí mismo la contradicción entre lo nuevo y lo establecido, entre el proceso de producción y el proceso de instalación, entre el continuo de la enunciación que le da forma y el discontinuo del ensamble lexical en el que se inserta.

Al analizar la definición del DRAE (pág.1575): "Vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua", Alvar Ezquerra (pág. 41) sostiene que si se la lee con atención se descubre que neologismo es:
....no solo toda palabra nueva en la lengua, esto es, toda forma, como habitualmente nos imaginamos, sino también cualquier innovación que se produzca en el interior del significado de una forma. Esto es, los neologismos pueden ser formales y semánticos.

Asimismo, en opinión del citado autor, el neologismo da vida a la lengua, sirve para renovar su léxico, actualizar elementos, dar cuenta de nuevas realidades, y en él se manifiestan todas las tensiones que tienen lugar en el interior del léxico. Los neologismos no solo son palabras, simples o compuestas, sino también unidades multiverbales. Aunque los neologismos se clasifican en formales y semánticos, básicamente el fenómeno se encuadra en el ámbito léxico-semántico y puede tener o no relación con el nivel fónico.
El estudio de los neologismos pertenece al dominio de la lexicología, que es la rama de la lingüística que estudia la estructura del vocabulario de la lengua, su composición, variedad, origen, cambios, tendencias, procesos de formación e incorporación de unidades nuevas, sin perder de vista el entorno extralingüístico. De allí que una parte de la Morfología, la no flexiva, tiene estrecha relación con la formación de neologismos y sirve para dar cuenta de una parte del fenómeno.
Para Lázaro Carreter, en su Diccionario de Términos Filológicos (1971), los neologismos pueden surgir por composición normal o híbrida, por derivación, por préstamo de otras lenguas, como noquear o fútbol, por metáfora, como el uso que se le da en el español actual de la Argentina al término corralito (dim de corral) para referirse a la incautación de los depósitos de los ahorristas por parte de los bancos. Por otra parte, si bien existen términos como gas o Kodak, creados ex-nihilo por pura invención científica, por lo general los neologismos se formam apelando a elementos significativos ya existentes en la lengua, mediante los ya citados procesos de composición y derivación, o sin cambio alguno mediante conversión de su categoría gramatical, como en celular (cf. supr. §1), o por medio de procedimientos menos convencionales y más propios de la lengua coloquial, a los que Lang (1997) denomina misceláneos, como la acronimia - laser, ovni - o la mezcla - motel, Sancor (marca de productos lácteos de las provincias argentinas de Santa Fe y Córdoba) -.

2.2 ¿Cuándo son nuevos los neologismos?
Si bien hay consenso en que los neologismos «son, en general, legítimos sin necesidad de que estén sancionados por la Real Academia,...» (Moliner, cit. en Guerrero Ramos 1995: 9), ¿cuándo nacen y cuándo dejan de ser nuevos? Vayamos por partes, si bien existen muchas palabras de las que se puede dar, a través de testimonios escritos, la fecha de nacimiento, esta muchas veces no refleja más que el momento de su creación y utilización dentro de un círculo restringido, pero su paso a la lengua general, que es en el nivel en el que estamos trabajando, puede ser muy posterior. Así, p. ej., la enciclopedia Encarta (1997) da como fecha de creación para hipertexto el año 1965, pero su empleo social general es muy posterior y se puede datar a partir de 1993, con la gran difusión de Internet. Sigue, pues, siendo un neologismo, aunque esté registrado en el DRAE desde su última edición.
En cuanto a su vigencia, Matoré proponía establecer cortes para el estudio lexicológico según “generaciones”, cuya duración se estimaba entre treinta y treinta y seis años (1953: 53), pero en la época actual en que los procesos evolucionan con mucha mayor rapidez, no es posible considerar plazos tan dilatados. Por otra parte, como el mismo Matoré ya lo había comprendido (pág. 43), las palabras nuevas no tienen todas la misma perdurabilidad. Algunas son simples formaciones fugaces que pueden ser creaciones particulares o vocablos impuestos por la publicidad o la moda; así pocos recuerdan el tiráme las agujas, de moda entre los jóvenes como fórmula para pedir la hora hace un poco más de una década. En otros casos, se trata de términos que circulan dentro de grupos restringidos y durante un tiempo delimitado, como el en su momento difundido entre los ejecutivos yuppy, que logro pasar a la lengua general por un tiempo, para después recluirse nuevamente en su ámbito ecónomico de origen. Por último, algunos pasan la barrera y, dado que representan un recorte de la realidad considerado como independiente por una parte considerable de la sociedad, encuentran su ubicación en el sistema, como sucedió en la lengua coloquial con términos como cheto (joven de clase acomodada) y trucho (falso) o, en un nivel más general, con celular, hipertexto o dolarizar .
Además, si bien apelar a la conciencia de los hablantes, puede sonar impresionista, solo cuando éstos dejan de percibir un término como novedoso, cuando a través del uso frecuente este se vuelve una forma no marcada, deja el neologismo de ser tal. Pero esto nunca se corresponde con una fecha determinada, sino que más bien representa un proceso gradual del que los hablantes no tienen plena conciencia, sino cuando está concluido.
No obstante, desde el punto de vista de la disciplina lexicológica, coincidimos con las cuatro etapas que para la integración del neologismo plantea Alvar Ezquerra (1999: 50):
... la primera, lógicamente, es la de su primera aparición y la identificación que hace el hablante del neologismo; la segunda etapa es la de su catalogación en un diccionario de neologismos; la tercera es su paso a un diccionario general de la lengua con la marca de neologismo; y la cuarta y última es su presencia sin marca alguna en ese diccionario. En ese momento podremos decir que la palabra nueva está ya totalmente integrada en la lengua.

El concepto de neologismo es, pues, un concepto histórico e históricamente cambiante, de modo que un término como jardín pudo haber sido un neologismo en el s. XV, aunque ningún hablante común del español actual tenga siquiera conciencia de ese hecho ni lo sienta como tal. En suma, el uso que en un momento determinado se percibe como neológico. acaba por integrarse en la lengua e incorporarse a su léxico hasta que finalmente deja de percibirse su origen novedoso o foráneo.

3. Análisis de materiales

En el actual contexto, la palabra y la acción "cacerolazo" (en español) significa "Argentina" (igual que la palabra "piquete", o la palabra "desaparecido"). AUTOCONVOCATORIA INTERNACIONAL, en solidaridad con el pueblo argentino y en contra
de la globalización, mail recibido en Buenos Aires el 10/ 1/02

La siguiente exposición en modo alguno pretende ser una lista exhaustiva de los neologismos de creación más reciente en el español de la Argentina, más bien buscamos, como ya se ha dicho, introducir un muestreo representativo que permita tanto identificar las tendencias vigentes en la selección de procedimientos para la formación de nuevas palabras, como su correlación con valores significativos generales de la lengua o relativos a ámbitos determinados. Por otra parte, también trataremos de destacar que en la formación de los neologismos del corpus (¿argentinismos?) no siempre se sigue un mismo parámetro a partir de la base, y que hemos observado aspectos creativos no solo desde el punto de vista del significante, sino también del significado.
Dada la extensión del corpus recogido, en este trabajo en particular nos ocupamos de las palabras derivadas por sufijación no apreciativa . La presentación de materiales se divide en dos partes, respectivamente dedicadas a la derivación nominal y a la verbal.

3.1 La derivación sufijal
En el español actual de la Argentina, se registra el uso de palabras derivadas formadas con sufijos propios del español, las cuales se originan en distintos ámbitos, dentro de los que se destacan particularmente el económico y el político. Antes de adentrarnos en su estudio, es relevante fijar el concepto de sufijo, para lo cual hemos adoptado la definición proporcionada por Faitelson-Weiser (1993:119):

...elemento lingüístico que, precediendo inmediatamente, en una palabra dada, a las desinencias gramaticales (o flexionales) -- explícitas o implícitas --, tiene como función la integración de dichas palabras dentro de un campo morfosemántico . Esta definición implica que el sufijo debe ser considerado como un signo lingüístico pleno, dotado de un significante (la forma sufijal y sus realizaciones) y de un significado (su valor genérico).

Las formas sufijales son elementos formadores morfoléxicos, una de cuyas funciones es la de «introducir un cierto grado de generalización en la palabra», de modo que sólo adquieren el status de palabras sufijales aquellas «cuya definición puede ser reducida a una paráfrasis definitoria común» (Faitelson-Weiser pág. 122). Asimismo, para esta autora, la comprensión de toda palabra conformada por X + sufijo, requiere que el hablante sea capaz de entender la significación general de ambos componentes.
La adjunción de un sufijo a un término base puede dar como resultado: a) una palabra sufijada perteneciente a la misma categoría gramatical que la de la base: golpe> golpismo; o b) una palabra de distinta clase gramatical: recepción> recepcionar. Teniendo en cuenta la clase de palabra base a la que se aplican, se puede distinguir entre sufijos nominales, adjetivales, verbales y adverbiales. Como ya hemos dicho, en este trabajo, solo tratamos los nominales y los verbales.



3.1.1 Derivados nominales
- Nominales en -idad
En primer término, hemos analizado sustantivos deadjetivales de origen deverbal, es decir, derivados de adjetivos que provienen de verbos. Dentro de este grupo, en el corpus hemos encontrado dos tipos que se forman agregando el sufijo nominalizador –idad: a) adjetivos deverbales en -able/-ible (Varela Ortega 1993: 19), que no presentan alteración morfofonológica en la base – convertibilidad; gobernabilidad, y también en negativo ingobernabilidad; empleabilidad y receptabilidad ; y b) un adjetivo deverbal en –ivo, que, como veremos, presenta una modificación - competitividad -. Por otra parte, algunos son formaciones nuevas para el español y en otros casos se trata de términos que han adoptado un significado diferente en el español de la Argentina. Estructuralmente se describen como:

[------ble]A  [.....-bil]A + idad]N
[------ivo]A  [.......iv]A + idad]N

Tal como puede apreciarse en estos neologismos, para llegar al sustantivo a partir de la base verbal se sigue el siguiente recorrido de derivación: V Adj. N:

Base verbal Derivado adj. Derivado nom. Derivación Raíz

convertir convertible convertibilidad V Adj N convert-
gobernar gobernable gobernabilidad V Adj  N gobern-
emplear *empleable empleabilidad V *Adj.N empl-
receptar *receptable receptabilidad V Adj  N recept-
competir competitivo competitividad V Adj  N compet-

Cabe señalar que en algunos casos se plantea el hecho de que ya existe en la lengua un nominal deverbal de la misma base. Así, de convertir se deriva, por un lado, directamente el deverbal más general: conversión , por el otro, se forma convertibilidad, también existente en el español general y registrado en el DRAE (p. 648) como «calidad de convertible». Pero, en el español de la Argentina de la década del 90, el término convertibilidad adquirió otro valor diferente del que registra el diccionario. Se popularizó a través de la ley de convertibilidad, sancionada durante el gobierno de Carlos Menem y mentada por su ministro de economía, Domingo Cavallo, la cual establecía la paridad peso-dólar para el cambio. Aunque estancó la economía argentina por una década, la ley logró detener la inflación que había reinado casi treinta años en el país, culminando en hiperinflación (la hiper, como se la conocía) a fines del gobierno anterior al de Menem. Así, la palabra convertibilidad aludía a «el milagro, el fenómeno de...», y se presentaba como un hecho salvador que venía a solucionar la economía del país. Se trata de un significante ya existente al que se le otorga nuevo valor dentro de un ámbito específico, pero dada la onmipresencia del tema económico en la vida argentina, rebasa ese ámbito y pasa a la lengua general por la que es rápidamente absorbida.
Empleabilidad y gobernabilidad son más recientes aún y han cobrado vigencia en la argentina postmenemista. La primera es una palabra no existente previamente en el español. Si bien su valor podría ser equivalente a empleo , no es con ese significado con el que la hemos registrado en un editorial del diario La Nación (17/12/01) titulado: «La empleabilidad de los jóvenes», en el que el término hace referencia a la difícultad de conseguir trabajo en la Argentina actual, en especial para los que inician su vida laboral.
Gobernabilidad y el antónimo que se ha derivado de ella, ingobernabilidad, aluden a la dificultad para mantener el funcionamiento de las instituciones en las actuales circunstancias de crisis por las que atraviesa el país.
En cuanto a competitividad, también existe un derivado nominal directo del verbo: competencia. Competitividad, que ya está registrado en el DRAE (pág. 604) como «capacidad de competir», es otro de los términos que en los últimos tiempos se ha resemantizado en el español de la Argentina. El año pasado, cuando para hacer frente a la crisis durante el gobierno del recientemente derrocado presidente Fernando de La Rúa (cf. infr. 3.1.2 cacerolear), vuelve a asumir como ministro de economía, Cavallo, que ya había estado en esa función en el gobierno anterior, propone una ley de competitividad para reactivar la economia del país. El término, poco curioso en sí como formación morfológica, resulta interesante porque rememoraba – por asociación directa de la desinencia – el mayor logro de la gestión anterior del ministro: la ley de convertibilidad (cf. supr.) que había conseguido estabilizar la economía después de la crisis hiperinflacionaria de 1989.

Para el ministro Cavallo el espíritu de la Ley de Convertibilidad es que la moneda argentina es convertible con otras divisas extranjeras pero no necesariamente con el dólar (Clarín, 7/ 4/01)

“La gira es para explicar en qué consiste la ley de Competitibidad y para ratificar que la convertibilidad llegó a Argentina para quedarse”, indicó Cavallo (Clarín, 3/ 4/ 01)

Veamos, en detalle, las particularidades de cada uno de los dos tipos reconocidos.
a) Derivados de adjetivos en –ble. Dentro de estas formaciones se puede hacer todavía otra distinción, según exista o no el deajetival que da origen al derivado nominal; así, si bien convertibilidad y gobernabilidad siguen la regla de derivación a partir de un adjetivo deverbal existente - convertible, gobernable -, empleabilidad y receptabilidad resultan de palabras posibles pero inexistentes: *empleable y*receptable.
Formalmente, aunque en los adjetivos en –ble la vocal que aparece delante del sufijo es -a- o –i-, según la vocal temática de la conjugación a la que el verbo pertenece, en los derivados nominales la vocal presenta una sola realización: –i, y, cualquiera sea la conjugación a la que pertenece el verbo, el nominalizador es siempre -idad.
Semánticamente, el adjetivador –ble tiene un valor «pasivo combinado con uno modal de posibilidad» (Solé et alii 2000: 197). El valor pasivo para –ble también es sostenido por Lang (1990: 204) y Rainer (1999: 4604), de allí que estos adjetivos admitan como paráfrasis: “que puede ser + V” o “capaz de ser + V”. En combinación con –ble, el nominalizador en (-bil)idad admite una paráfrasis que indica: “la posibilidad de..., p.ej. convertir la moneda, gobernar, conseguir empleo, etc”.
Desde el punto de vista argumental, los deadjetivales en -ble del corpus provienen de verbos transitivos que suponen un Agente y un Tema u Objeto. El significado pasivo de
–ble incorporado al nominalizador (-bil)idad elimina al Agente e incorpora como sujeto al tema: X gobierna al país, pero la gobernabilidad del país (*por X). Asimismo, los verbos originarios de estos nominales pueden considerarse que dan un resultado; así, el proceso de: convertir " un peso en un dólar" origina la convertibilidad; ser gobernado produce la gobernabilidad, pero no serlo genera ingobernabilidad,.etc.
b) Derivados de adjetivos en –ivo. El único caso registrado deriva del adjetivo competitivo, que presenta una modificación en la base por incremento (Faitelson-Weiser 1993:146), que consiste en la repetición de la consonante final de la base + la vocal temática, lo cual se reitera en la derivación del nominal:

Competir  competitivo  competitividad

Desde el punto de vista semántico, el sufijo -ivo tiene valor activo, ya que señala al “actor” y la paráfrasis que le corresponde es “que V” (Sole et alii 2000: 407), de modo que el nominal derivado mediante –(iv)idad, que lo incluye, tampoco es pasivo.
Argumentalmente, el verbo competir supone un Agente , que el adjetivo y el nominal
derivado mantienen en su valencia: X compite  X es competitivo/ la competitividad de X.
En el uso de competitividad al que nos referimos, el Agente involucrado es el país que, en este caso, equivale a ‘la gente/ los argentinos/ las fuerzas productivas de la sociedad’, ya que está tomado como ‘colectivo, animado y  humano’.
- Nominales en -sor/-dor
Dentro de los neologismos del español actual de la Argentina, los nominales con sufijo
–sor/ -dor.que hemos registrado son : decisor, planeador y gerenciador
En el español general, los sustantivos con sufijo –sor, son deverbales que, por lo general, derivan de verbos en -vertir (inversor), –primir (impresor), -mitir (emisor) (Lacuesta y Bustos Gisbert 1999: 4542). En cuanto a decisor, sigue el modelo de agresor, que también proviene de un verbo en –dir.Estos denominales, por ser derivados de verbos de ‘acción’ tienen valor agentivo, p. ej. ‘el que invierte’. El neologismo decisor fue recogido en una entrevista realizada al funcionario público Carlos Grosso, secretario de prensa del gobierno (25/12/02), quien, refiriéndose al presidente de ese momento, dijo:

Rodríguez Saa es un gran decisor.

Aquí otra vez topamos con que ya existía un derivado nominal del verbo, decisión, con asibilación de la consonante final de la base, como en decisor. Esta nueva formación puede, entonces, tomarse tanto como derivada directamente de la base verbal decid-, o de decisión, ya que decisor se interpreta como ‘el que toma decisiones’.

Base verbal Derivado nom.1 Derivado nom.2 Derivación Raíz

decidir decisión decisor VN1N2 decid-/decis-

Por otra parte, tal como fue empleado en el ejemplo citado, el neologismo decisor connota la capacidad de tomar decisión en grado superlativo, absoluto, valor que refuerza su uso junto al adjetivo gran. Por otro lado, la presencia de un, también acrecienta el valor de que la persona mencionada pertenece a la clase de los “decisores”, con lo que la paráfrasis adecuada del término sería: “aquel que tiene la capacidad de tomar decisiones” .
Con respecto a planeador, cabe señalar que se trata de un significante existente en
el español: un sustantivo derivado del verbo planear, pero en el que la secuencia –dor no tiene valor agentivo deverbal., sino que remite a un sustantivo de objeto que sirve para denominar un tipo particular de aeronave (cf DRAE :1778).
Sin embargo, en nuestro corpus, planeador, que aparece en el siguiente texto:

“ (X) no es sino un simple planeador de fiestas” (recogido en un programa radial)

es usado como deverbal agentivo (Lang 1990: 189), es decir, expresa al agente del verbo base que, por ser de ‘acción’ puede parafrasearse como “que V” (Solé et alii 2000: 404). En este caso, el sufijo –dor, si bien conserva valor aspectual de acción habitual, como en bebedor, también es utilizado con el sentido peyorativo, desvalorizador, que menciona Lang (pág. 189) para casos como novelador (en vez de novelista) y escribidor (por escritor), valor que le otorgan algunos elementos del contexto sintáctico, como p. ej. el calificativo simple. De este modo, el texto citado, puede parafrasearse como:“(X) no es otra cosa que... o solo sirve para planear fiestas”.
También cabe pensar en la posible asociación mental del hablante que fusiona en una sola palabra el valor del derivado popular planear con el más técnico planificar , cuyo significado (cf.DRAE: 1779) prácticamente no difiere del de planear (DRAE: 1778). Planificar tiene un derivado nominal agentivo planificador, aunque este carece del valor despectivo de planeador, que además ofrece la ventaja de presentar un significante menos extenso, siguiendo un criterio de acortamiento de la forma, que constituye una tendencia constante en la lengua fuertemente vigente en el español de la Argentina Aunque, como veremos al analizar los sufijos verbales, también la orientación opuesta de extender el significante, para reforzar la expresión, es sumamente activa.

- Nominales en -aje
Con respecto a este sufijo, Lang (1990: 186) sostiene:

« la marca de –aje consiste en su adjunción a bases pertenecientes únicamente a la primera conjugación. El sentido de acción y efecto se combina con el de materialización [...]. Es un sufijo de vitalidad en la actualidad, cuyo avance se ve favorecido por el registro técnico..»

Coincidiendo con esta caracterización, en el corpus hemos registrado dos formas con
este sufijo: blindaje y prepotaje. Se trata de nominales deverbales provenientes de verbos de primera conjugación, aunque con una diferencia, mientras blindaje y blindar están ambos registrados en el DRAE, ni prepotear ni prepotaje figuran allí.
En cuanto a blindaje, el DRAE (pág. 326) presenta la siguiente definición: «acción y efecto de blindar; conjunto de materiales que se utilizan para blindar», y para blindar: «proteger exteriormente ... con diversos materiales las cosas o los lugares... ». Ahora bien , en el español de la Argentina, en uno de los momentos pico de la actual crisis económica se utilizó la expresión: «blindaje económico», en la que el nominal adquirió el valor de
«recurso protector» de la economía, perdiendo su referencia a elementos materiales.
En el español general, existen el sustantivo prepotencia y el adjetivo prepotente, definidos por el DRAE (pág. 1825), respectivamente como: «cualidad de prepotente» y «más poderoso que otros, o muy poderoso». Asimismo, aunque el DRAE no lo registre, en el español de la Argentina existe ya hace tiempo prepotear en el sentido de «actuar de forma prepotente». De este ha derivado recientemente prepotaje, que ejemplifica el uso del sufijo –aje¬ deverbal (Lang 1990: 176), en este caso unido a un verbo de primera en –ear. ¿Pero cuál puede ser la razón del surgimiento de este sustantivo, frente a la existencia de prepotencia, también nominal? Si nos atenemos a uno de los textos donde aparece usado:

“ Esto es el prepotaje de los que no respetan las ideas de los otros”.

observamos que –aje encierra, además de sentido colectivo (Rainer 1993: 394-395, cit. en Lacuesta y Bustos Gisbert 1999: 4523), un matiz desvalorativo que el hablante quiere transmitir, pero no lo permiten ni el sufijo –encia de prepotencia, ni –nte en prepotente.


- Nominales en –ismo / -ista
En primer término analizaremos los ejemplos de nuestro corpus con sufijo –ismo, entre los que se encuentran cavallismo, chachismo, delarruísmo, menemismo, repetismo, sospechismo,travestismo y truchismo.
Según Lang (1997.: 178),

“La proliferación de términos en –ismo, relacionada con adjetivos y nombres agentivos en –ista, es un fenómeno del siglo XX. Las bases a las que se adjunta este sufijo muestran un grado mínimo de restricción unido a una alta productividad”.

El conjunto de términos del corpus puede clasificarse en dos grupos, según deriven de otro sustantivo o de un adjetivo.
a) Derivados denominales. Dentro de estos podemos distinguir los que provienen de
nombres comunes y los que derivan de propios. Al primer tipo pertenecen sospechismo, repetismo y travestismo. Desde el punto de vista formal, en sospechismo y travestismo se elide la vocal final de la base, pero en repetismo hay un truncamiento del sufijo nominalizador –ción.

Base nominal Derivado nom. Derivación Raíz

sospecha sospechismo N N sospech-
repetición repetismo N N repet-
travesti travestismo N N travest-

En cuanto a significado, sospechismo y repetismo corresponden al tipo de amiguismo o confusionismo, ya mencionado por Lang (pág. 179, nota 8), en los que el derivado en –ismo duplica un nominal abstracto ya existente – amistad, confusión, sospecha, repetición - aunque de tipo morfológico diferente Pero ¿por qué razón se origina un nuevo sustantivo de esta clase cuando ya existe otro? Según Lang (pág. 179), los nuevos derivados «añaden al significado que poseen sus dobletes correspondientes una valoración peyorativa...». En nuestra opinión, el matiz peyorativo deriva del significado de ‘tendencia’ del sufijo -ismo considerado más que como simple ‘habitualidad’, como ‘reiteración negativa’. Así frente a sospecha que indica «aprehender o imaginar una cosa por conjeturas fundadas en apariencias o visos de verdad» (DRAE: 2095), sospechismo añade a la acción este sentido negativo que, en una entrevista radial (Radio Mitre, 5/6/01) le permite a uno de los ministros del ex-presidente de La Rúa , Nicolás Gallo, hacer referencia al estado de sospecha generalizado que mantenía alarmada y confusa a la población en los días previos a la caída de De La Rúa, en diciembre del año pasado (cf. infr. 3.1.2 cacerolear).
A diferencia de repetición, que se refiere a la «acción y efecto de volver a hacer lo que se había hecho, o decir lo que se había dicho» (DRAE: 1948), repetismo, ha comenzado a utilizarse en el ámbito educativo para indicar la tendencia creciente a que los alumnos, al no aprobar sus exámenes, tengan que repetir el curso, tal como ejemplica el siguiente texto de nuestro corpus oral:

En los últimos años se ha acentuado el repetismo en todos los niveles de la enseñanza.

En cuanto a travestismo, formado sobre una base extranjera, no deriva de un nominal abstracto, sino de un nombre designador de persona, travesti, que se refiere a la «persona que, por inclinación natural o como parte de un espectáculo, se viste con ropas del sexo contrario» (DRAE: 2221). Travestismo, ya registrado en la última edición del DRAE, con el significado de «usar ropas de otro sexo» u «ocultación de la verdadera apariencia», en el habla corriente del español de Argentina ha adquirido algunos valores adicionales, ya que puede designar «un simple maquillaje sin cambio de fondo o de lo esencial», como cuando se habla de «el travestismo de las medidas económicas» o también, como en «travestismo político», puede señalar despectivamente un cambio de tendencia u orientación.
El tipo más numeroso de derivados en –ismo en el corpus, es el de los formados a partir de nombres propios referidos al al líder de una tendencia o movimiento, que es lo que significa el sufijo. Estos derivados provienen de i) apellidos de personas públicas, generalmente políticos: menemismo y delarruismo (de Menem y de la Rúa, los dos últimos presidentes argentinos elegidos por el voto popular), cavallismo (de Cavallo, ministro de economía de ambos gobiernos); o ii) del sobrenombre particular con que se conoce a alguien, p. ej., chachismo, derivado de Chacho, sobrenombre del ex-vicepresidente de la Argentina, Carlos Álvarez.
Desde el punto de vista fonológico, en el derivado se elide la vocal final de la base. Semánticamente, el sufijo añade al significado de la base el valor de «movimiento surgido en torno a una figura política» (cf. peronismo, formado a partir del apellido del líder del movimiento, Juan Domingo Perón); sin embargo, su connotación en estos casos no suele ser positiva, sino que, por el contrario, como en los casos que hemos visto de derivados de nombres comunes, tambiém encierra sentido desvalorizador.
b) Derivado deadjetival. El único del corpus es truchismo, derivado del neologismo trucho, que, según López Baldano (1999; 288, nota 2) proviene de la época de actuación de Montoneros – grupo guerrillero, en su origen, ligado al peronismo-. Los militantes que se ocupaban de falsificar documentos para los miembros del grupo denominaban «documento trucho» a aquel al cual se le cambiaba la fotografía, ya que, en la jerga popular, «trucha» significa tanto rostro como gesto de desagrado manifestado con él Luego de la dictadura,el término comenzó a utilizarse en la lengua coloquial con el significado de «falso o ilegal», p. ej. en «un disquete trucho» o «una radio trucha». De este adjetivo deriva truchismo que, al significado básico de trucho, añade el de “tendencia a”, con carácter despectivo.

El truchismo triunfa porque a muy pocos les importa, muy pocos tratan de impedirlo y rara vez los usurpadores son castigados: la viveza criolla se encoge de hombros, confunde delito con travesura y sigue de espaldas a la ética (Artículo de opinión de Alfredo Serra en la revista Noticias)

Según Lang (1997:180), «el campo semántico al que pertenecen las bases a las que se adjunta –ista coincide con el de –ismo e implica habitualmete un paradigma derivativo»: Cavallo cavallista cavallismo; a lo que añade que «-ista es, en principio, agente, y se aplica a miembros representativos de movimientos» - aliancista -; a profesiones - dentista– y a ocupaciones artísticas o deportivas – pianista , tenista -. Dentro de nuestro corpus, indican pertenencia a movimientos o grupos: menemista (del expresidente Menem), cavallista (del ministro Cavallo), frepasista (de Frepaso, acrónimo del partido político Frente País Solidario), duhaldista (del actual presidente Duhalde). Con el significado de ocupación habitual hemos registrado lobbista (del ingl. lobby: pasillo, corredor), que se refiere a los que deambulan por los pasillos de las gobernaciones y ministerios haciendo gestiones en favor de intereses de terceros.
Por último, para analizar petardista, cuyo significado en el Río de la Plata difiere del que registra el DRAE (pág. 1745: «persona que petardea», de petardear: «estafar o engañar”), nos basamos en Lacuesta y Bustos Gisbert (1999: 4572), quienes sostienen que entre las palabras que forma –ista están las que dan cuenta de “descripciones del carácter de una persona, la mayoría de las veces con una orientación negativa: alarmista, camorrista, ventajista, etcétera”. Petardista, que deriva de petardo («tubo de cualquier materia no muy resistente que se rellena de pólvora u otro explosivo y se liga y ataca convenientemente para que, al darle fuego, se produzca una detonación considerable» (DRAE.: 1745), encierra un valor negativo asociado con la idea de ‘destrucción’ que produce la detonación de este objeto. Precisamente ese valor negativo es el que prevalece en el neologismo petardista, que en el español de la Argentina designa «al que emite opiniones alarmantes, a menudo exageradas, respecto de un hecho, de una situación, etc., con la finalidad de crear algún conflicto o, simplemente, para llamar la atención».

- Nominales en –ero/era
Para Lang (1997:180), -ero/-era es el sufijo rival de –ista para la denominación de profesiones. Según Lacuesta y Bustos Gisbert (1999: 4555) este sufijo que «presenta variación genérica potencial en los derivados que designan seres animados: camarero/ camarera,...», crea tanto formas denominales como deadjetivales por «existir tres tipos de formaciones: i) las que solo admiten una interpretación nominal; ii) las que son exclusivamente deadjetivales; iii) las que admiten ambas interpretaciones».
En el español actual de la Argentina, con este sufijo se originan tanto sustantivos como adjetivos. Excepto pelotero, que se refiere a lugar, los restantes casos del corpus – piquetero, motoquero, cacerolero y bolsiquero - designan persona y todos tienen uso exclusivamente nominal. Por otra parte, si bien los deadjetivales no constituyen el objeto de estudio de este trabajo, los dos casoa hallados en el corpus, y que citamos a título de ejemplo, solo tiene función adjetiva: industria textera (del libro de texto, por disimilación con textil, de tejido ) y vocación electoralera (término empleado por el diputado Soria en la Asamblea legislativa, el 22/12/01, y que al derivar de otro adjetivo, entra en el tipo de sufjijos de aproximación (Lang 1997: 210), que pueden adoptar valor despectivo: intelectual  intelectualoide o de simple semejanza – rojo  rojizo)
Respecto de los sustantivos, se observan distintas particularidades morfológicas:

a) elisión de la vocal final átona: pelota  pelotero; cacerola  cacerolero, piquete  piquetero
b) aparición del interfijo qu- - /k/ -, con o sin elisión de la última sílaba de la palabra
bolsillo  bolsiquero; moto  motoquero;

Pelotero, es el único caso del corpus en el que -ero no indica ‘oficio’ u ‘ocupación’, sino “ lugar ”. El término se refiere a una carpa plástica en cuyo interior hay gran cantidad de pelotitas, que forman una especie de colchón en el que los niños saltan y se divierten .
Desde el punto de vista semántico tanto motoquero como bolsiquero se emplean para referirse a los que ejercen una determinada actividad. Además ambos reemplazan a un término anterior, que no desaparece totalmente sino que convive con el neologismo. Como sostiene Lang (1997: 178, nota 6, tomado de Kany 1960: 131-4): «En Sudamérica, los términos de profesión en –ero aparecen como alternativas a denominaciones estándar, por ejemplo betunero por limpiabotas... ». En los casos del corpus, bolsiquero, que designa al ladrón de bolsillos, alterna con punguista, y motoquero, con motociclista. En este último caso se produce una especialización del nuevo derivado, ya que miemtras motociclista, es “el que anda en moto”, motoquero adopta principalmente dos significados: i) “ocupación”, referida al que trabaja repartiendo correspondencia, documentos, e incluso otro tipo de productos, utilizando como medio de transporte una moto; ii) denominación de los que usan la moto para participar de competencias de alta velocidad y suelen exhibir sus motos como emblema de poder, por lo general son jóvenes que se caracterizan por sus vestimentas llamativas en las que destacan las camperas negras de cuero. El uso de la primera acepción de motoquero puede verse en el siguiente ejemplo, en donde la necesidad de presentar una explicación entre paréntesis del término pone en evidencia su identificación como neologismo por parte del emisor, de la que hablaba Alvar Ezquerra (1999:50, cf. supr. 2..2):

Mención especial merecen los motoqueros (gremio independiente de jóvenes que hacen trámites con sus motos) que se mandaban contra los canas , los desorganizaban y los dispersaban. (Folleto del MAS (Movimiento al Socialismo) sobre la lucha en Plaza de Mayo el día de la caída del presidente De La Rúa .

Cacerolero y piquetero son los dos términos que hemos elegido para el título del trabajo, justamente porque puede decirse que son dos palabras clave del momento actual de la Argentina. Según Matoré (1953: 68), una palabra clave es una

“unidad lexicológica que expresa una sociedad. Designa, pues, no una abstracción no un medio, no un objeto, sino un ser, un sentimiento, una idea, vivas en la medida misma en que la sociedad reconoce en ellas su ideal”.

Se trata, pues, de una noción de carácter social que expresa de manera sintética la época estudiada. En el caso de cacerolero y piquetero, si bien no constituyen el ideal, dan cuenta de los dos tipos sociales representativos del momento histórico que se está viviendo en el país. En ambos casos, -ero no se refiere a oficios, sino a ocupaciones que están convirtiéndose en habituales para ciertos grupos de la población. Caceroleros son los ciudadanos, generalmente de clase media, que intervienen en protestas callejeras, como la del 20 de diciembre último, que obligó al entonces presidente electo Fernando de La Rúa a renunciar. Desde entonces, los gobiernos se han ido sucediendo, pero como la situación no mejora, las protestas al son de las cacerolas continúan en la capital y las principales ciudades y pueblos del interior del país. (cf. infr. 3.1.2 cacerolear).
Piquetero, que proviene de piquete, no es utilizado con la acepción que le asigna el DRAE (pág. 1768) , sino que, tal como se lo emplea actualmente en la Argentina, guarda relación con las acepciones (5) y (6) de piquete que registra este diccionario:

(5): pequeño grupo de personas que exhibe pancartas con lemas, consignas políticas, peticiones, etc.; (6):grupo de personas que pacíficamente o violentamente , intenta imponer o mantener una consigna de huelga.

Al respecto, en un folleto recientemente publicado por la Academia Porteña del Lunfardo, titulado Vocabulario de la crisis, aparece la siguiente definición, que reproducimos, según la transcribe el diario La Nación (05/02/02, pág.12):

Piquete: grupo numeroso de gente que se instala más o menos espontáneamente, con ánimo de protesta social, en sitios críticos para el traslado de personas o vehículos, con el propósito de impedirlo”

A la anterior definición, añadiríamos que los miembros del piquete o piqueteros, como se los denomina comúnmente, por lo general, son personas de condición muy humilde, que reclaman pan y trabajo y que, como recurso de protesta, se instalan en rutas y otros sitios de paso para impedir la libre circulación del tráfico automotor. Por otra parte, si bien se trata de un movimiento originariamente espontáneo, en la actualidad, como muestra el texto reproducido abajo, ha comenzado a organizarse, añadiendo a sus reclamos básicos un rechazo por la clase política tradicional, tal como sintetiza la frase popular «que se vayan todos». Asimismo, como muestra el texto, el término piquetero/-era con valor adjetivo, se utiliza para referirse a todo lo relativo a los miembros de este movimiento:

...la actividad más importante de la AGD-UBA para esta semana es la concentración de este viernes en Plaza Congreso a las 14:30 hs. para recibir a los compañeros piqueteros que protagonizan la Marcha Nacional por "Pan, Trabajo y que se vayan todos". La Marcha está organizada por el Bloque Piquetero Nacional, y es una de las medidas votadas por la Asamblea Nacional Piquetera en Plaza de Mayo,... (mail de convocatoria a la Marcha, recibido el 12/03/02).

3.1.2 Derivados verbales
 Los verbos en –ar y sus derivados nominales
Como es sabido, en el español actual la única conjugación abierta a nuevas creaciones es la
primera, de ahí también la tendencia a que se generen dobletes, «donde un verbo en –ar de creación reciente tiende a suplantar a un verbo de otra conjugación» (Guerrero Ramos 1995: 30), p.ej. ofrecer/ofertar. En muchos casos la transformación se hace posible mediante un derivado nominal intermedio que genera series ternarias del tipo: influir-influencia-influenciar o conmover-conmoción-conmocionar, en cuyo elemento final la base verbal resulta extendida. Respecto del significado, según Pena (1993: 226):

...en la serie ternaria el nombre verbal filtra sólo alguna(s) de las acepciones del verbo base, que son las que pasan al verbo derivado, lo que da lugar a que en la suma de acepciones estén incluidas las del verbo mediatamente derivado...

La extensión del significante conlleva, entonces, algún matiz o especificación del significado. En el español de la Argentina, esta tendencia incluye series del tipo referir– referencia-referenciar (DVEHyD : 1235) y recibir–recepción-recepcionar (DVEHyD: 1221), p.ej. No lo estoy recepcionando bien, se suele oir cuando hay interferencias en las comunicaciones telefónicas radiales. En el caso de recibir también se ha implementado otro procedimiento de conversión a la conjugación productiva, que consiste en recurrir a una forma alternante del verbo base que directamente toma la desinencia de primera: receptar (DRAE 2001: 1912). Esta forma regularizante, a su vez, ha dado lugar, sin que medie el correspondiente adjetivo en –ble (cf. supr. 3.1.1), al derivado nominal receptabilidad, el cual surgió en la crisis económica de marzo del año pasado cuando en los medios de comunicación los analistas hacían conjeturas respecto al modo en que serían recibidas en los distintos ámbitos las nuevas medidas económicas del gobierno. Este término evidencia una de las tendencias que opera con más fuerza en la formación de neologismos y con la que nos hemos topado una y otra vez en el análisis del corpus: la disimilación, que implica que el hablante desgaja un nuevo derivado cuando percibe que el existente – en este caso recepción – no puede dar cuenta completa del significado específico que pretende expresar, es decir, de la nueva gestalt a la que quiere hacer referencia. En este sentido, frente a recepción, más general, receptabilidad implica ‘capacidad, o mejor aún, posibilidad de ser (bien) recibido’ y, en consecuencia, también de ser aceptado. Al respecto, se podría pensar que en receptabilidad, a través del sufijo que mediante la rima genera la asociación mental, también se busca que resuene aceptabilidad. Como ya hemos visto al analizar otros derivados en –(bil)idad de creación reciente (cf. supr. 3.1.1: convertibilidad y competitividad), esta búsqueda de resonancias de un significado en otro a través de la similitud entre desinencias, estaría mostrando la vitalidad de una tendencia de signo contrario a la disimilación: la asimilación. Así, aunque tradicionalmente se ha hablado de asimilación cuando la cercanía semántica de dos o más palabras tiende a reflejarse en el significante , los casos que presentamos tienen una orientación inversa: manifiestan la tendencia a acercar los significados de dos palabras a través de la asociación mental que produce la semejanza entre una parte de sus significantes: la desinencia .
Otros derivados verbales denominales hallados en el corpus son: gerenciar y audicionar. Si bien el uso de los términos gerente y gerencia es de larga data, recientemente ha comenzado a cobrar fuerza en el ámbito de la empresa y de los clubes de fútbol, cuya dirección actualmente se busca que funcione como una empresa, el uso de la forma verbal gerenciar - «ejercer la gerencia« (DVEHyD: 885) -. Asimismo, de gerenciar se han derivado los nominales gerenciamiento, gerenciador y gerenciado. Si bien podría pensarse que gerenciador es redundante respecto de gerente, la diferencia entre ambos resulta semejante a la que distingue negociador y negociante. Así, según Laca (1993: 201):

...–dor y –nte no son funcionalmente equivalentes, sino que a través de ellos se expresan dos modos diferentes de concebir al sujeto de una construcción activa.

En este sentido, mientras gerente simplemente alude al desempeño de una función social, como comerciante o sirviente, gerenciador posee un fuerte sentido agentivo, ya que el rol de sujeto incorporado por el sufijo –dor lo señala como el que tiene el control del proceso, de modo que puede parafrasearse más que como “el que realiza un gerenciamiento”, como “el que lo lleva adelante o lo hace posible” Otra vez, advertimos que el neologismo alude no a una realidad distinta, sino que pone de relieve, en la misma realidad, un aspecto antes no contemplado, en este caso el rol controlador del sujeto.
También como formación en –ar denominal hemos registrado audicionar, derivado de la acepción (3) de audición del DRAE (pág. 247): «prueba que se hace a un actor, cantante,...etc. ante el empresario o director de un espectáculo» .
Por último, la forma verbal escrachar, tomada del italiano y registrada en el DRAE (pág. 962) como término que, coloquialmente, en Argentina y Uruguay significa «romper, destruir, aplastar», ha cobrado extraordinaria vigencia a través del nominal derivado escrache. Este término se comenzó a utilizar en referencia a los actos públicos de repudio, que, ya en democracia y luego de las leyes de Amnistía y Punto Final que liberaron a muchos responsables de los crímenes y desapariciones cometidos durante el Proceso Militar (1976-1982), hacían, en sus propios domicilios, a militares y funcionarios de la dictadura, pequeños grupos de miltantes de las Asociaciones de Madres e Hijos de Desaparecidos. Luego de la caída de De La Rúa, el mecanismo se ha extendido a políticos y funcionarios de las más diversas extracciones, y no solo en sus domicilios particulares, sino en cualquier lugar en que se los encuentre, de donde la indignación popular, los obliga a retirarse. Si bien en un primer principio se trataba solo de insultos y manifestaciones verbales, en el momento actual suelen incluir agresiones y violencia.
 Los verbos en –ear
A diferencia de –ar, que se considera una desinencia «semánticamente neutra» (Pena 1993: 233), para Lang (1990: 216) -ear tiene connotación 1) iterativa, como en parpadear, o 2) despectiva, como en discursear. Según Pena (pág. 235), estos verbos «expresan notas de significación relacionadas con la aspectualidad», tales como ‘iteración, ‘habitualidad’, ‘estado’ y ‘fase inminente’, y el valor despectivo o negativo es propio de ciertas bases que manifiestan habitualidad. No obstante, como sostiene Serrano-Dolader:

No resulta fácil, a veces, delimitar si el valor de un verbo determinado debe ser interpretado como frecuentativo (con valor aspectual de habitualidad) o como iterativo, ya que ambos valores, aunque se diferencian en ciertos puntos, tienen una base común: indican situaciones dinámicas durativas y repetición de procesos. (1999: 4692)
Dentro de los ejemplos del corpus, cacerolear tiene claro sentido iterativo; hackear, crakear y luquear se relacionan con el matiz de habitualidad, mientras que en cliquear, defaultear, ningunear y primerear, el valor aspectual no surge tan nítido, por lo que hemos optado por considerar que en estos casos el sufijo adopta un valor aspectual neutro.
Si bien los verbos en –ear pueden derivar de bases sustantivas o adjetivas, los casos registrados son todos denominales. Además, la mitad de los ejemplos evidencia la especial capacidad de este sufijo para combinarse con bases extranjeras. (Lang 1990: 216).
Por otra parte, también a diferencia de –ar que no dota a sus formaciones de una estructura argumental determinada, -ear plantea ciertos esquemas argumentales típicos. Aunque hemos tenido en cuenta la clasificación de Rifón (1997), en la que aquí presentamos, que no pretende ser exhaustiva, sino mostrar sistemáticamente los casos del corpus, hemos preferido cruzar los parámetros de aspectualidad y esquema argumental , y tener en cuenta los roles específicos involucrados en cada uno de los tipos identificados:

a) Verbos de comportamiento habitual. Exigen solo un Agente, o también un Tema sobre el que este actúa: “X actúa como N (respecto de Y)” - hackear, crackear y luquear -.
b) Verbos intrumentales iterativos. Piden un Agente que actúa usando un Instrumento, que aparece como argumento lexicalizado : “X actúa usando N” – cacerolear -,
c) Verbos de Objeto efectuado. Pueden ser iterativos, aunque los casos registrados en el corpus son aspectualmente neutros. Se construyen con un Agente y un argumento
Objeto efectuado incorporado.a la base: “X hace N” - cliquear, defaultear.
d) Verbos de Beneficiario (negativo) obligatorio. Tienen significado idiosincrático y aspectualmente no presentan un valor definido. Además del Agente, exigen un Beneficiario negativo como argumento verdadero o sintácticamente realizado
(Pustejovsky 1995: 63-64) – ningunear, primerear -.

Ahora veamos un poco más detenidamente cada uno de los tipos y ejemplos:
a) Verbos de comportamiento habitual. Según Rifón (1997: 45), estos verbos pueden derivar de sustantivos designadores de animales, de personas, de actos o de objetos. Dentro del corpus, dos casos, pertenecientes al ámbito de la computación, derivan de sustantivos referidos a personas: el primero, hackear (del ingl hacker: «pirata informático que quiebra la seguridad de un sistema» ) (DVEHyD: 915), ya está totalmente incorporado al lenguaje general, mientras que el otro, crackear (del ingl. cracker: «pirata informático que quita protección antipiratería a un software») todavía está reservado a círculos más especializados. El tercero de nuestros ejemplos de este tipo deriva de un sustantivo de objeto y pertenece a la jerga juvenil - luquear («pedir una moneda»; irónicamente derivado de luca, forma coloquial de referirse al billete de 1000 pesos (DRAE 2001: 1400).
Los verbos que derivan de designadores de persona provienen de adjetivos recategorizados como sustantivos que indican la manera habitual de actuar de una persona «casi siempre valorada negativa o peyorativamente» (Pena pág. 237):- alcahuete  alcahuetear –, o de nombres de oficios – capitán  capitanear. Coinciden en esta caracterización Solé et alii (2000), para las que estas formas corresponden al significado de “actuar como N”. En el corpus, los dos casos de este tipo – hackear y crackear - provienen de bases extranjeras sustantivas con valor agentivo - hacker y cracker -que además poseen la otra característica típica de estas bases: valor negativo , ya que se refieren a actividades relacionadas con la piratería informática.
Según Pena, los verbos de este grupo son todos intransitivos porque han incorporado la base como argumento modal del verbo derivado o como predicado adscriptivo, de modo que bobear es tanto “proceder o actuar como X” como “X es (un) bobo”. Si bien creemos que esta caracterización es adecuada para los que derivan de adjetivos recategorizados, como bobear o alcahuetear, los derivados de sustantivos de oficios o actividades también aceptan una construcción transitiva, como p.ej. capitanear un barco o pilotear un avión. No obstante, como sostiene Rifón (1997: 48), esta posibilidad se limita a aquellos verbos que pueden tomar un Objeto que circunscribe el ámbito de desempeño del Agente, que, según este autor, es un Objeto de grado bajo de afección, lo que indicaría que no es ni efectuado ni modificado por el Agente (pág. 48-49). Sin embargo, no sólo ejemplos como hackear y crakear, sino algunos de los que presenta el mismo Rifón, como pilotear, muestran que la relación de Agente y Objeto va más allá del simple contacto y que el segundo puede ser afectado – incluso hasta su destrucción - por la acción del Agente. En suma, creemos que lo que hace posible el esquema transitivo es que estos verbos seleccionan un Objeto dentro de un campo semántico limitado, afín a su significado, así es posible pilotear un avión/ un helicóptero/ una avioneta, pero no *una tortuga; y se puede hackear una computadora/ un sistema operativo/una base de datos, pero no *una puerta.
El único derivado en el corpus de un sustantivo de objeto – luquear -, indica como hecho habitual del comportamiento del Agente la acción efectuada respecto del Objeto, en este caso, «pedir una(s) moneda(s)». Este último argumento se considera lexicalizado .
b) Verbos intrumentales iterativos. Se trata de verbos que implican la utilización de un instrumento por parte de un Agente. El instrumento, que constituye la base de la derivación,
ha de ser siempre un sustantivo concreto.
A este tipo corresponde el recientemente puesto en boga cacerolear, el cual es, en realidad, un término surgido en Chile en 1973 cuando en los barrios más ricos se hacían sonar las cacerolas como modo de protesta de la derecha chilena contra el presidente Salvador Allende. En la Argentina actual cacerolear y sus derivados – caceroleo, cacerolada, cacerolazao y cacerolero - (cf. supr. 3.1.1) cobran nueva vigencia y se resemantizan para señalar la protesta de la clase media que se moviliza en las calles, primero, en diciembre pasado, para derrocar al presidente De la Rúa y, una vez caído este gobierno, continúa manifestándose, casi en estado de asamblea permanente, contra la corrupción de los políticos en general, por la renuncia de la Corte Suprema de Justicia y por la devolución de sus ahorros acorralados en los bancos. Como la protesta se hace «golpeando cacerolas», el verbo constituye una formación en la que el sustantivo base cacerola se incorpora al derivado como el instrumento mediante el cual se ejecuta una serie sucesiva de actos, en este caso, golpes reiterados, de modo que su valor aspectual resulta iterativo y la paráfrasis que le corresponde según Solé et alii (2000) es “actuar usando N”.

En Barcelona se realizó una importante cacerolada ante el consulado argentino, y marcha a
través de la ciudad, en coordinación con ciudadanos en Buenos Aires que cacerolearon frente a
la embajada de España... (AUTOCONVOCATORIA INTERNACIONAL..., mail recibido en Buenos Aires el 10/01/ 02)

Como se ve en el ejemplo, cacerolear no es transitivo ni puede afectar a otro objeto como lo hace martillear en el carpintero martilleó el clavo. Desde esta perspectiva, para Rifón (1997: 66) su esquema implica un solo actante con un alto grado de agentividad. En nuestra opinión, sin embargo, este verbo involucra dos argumentos: un Agente que actúa sobre un Instrumento, que constituye un argumento lexicalizado o encubierto.
c) Verbos de Objeto efectuado. Desde el punto de vista semántico, este grupo de verbos
aparece más difuso. Según Rifón su cohesión como conjunto se debe a su alta transitividad y a que poseen un segundo actante que representa a un Objeto altamente afectado. Derivan de un sustantivo simple designador de acto - abofetear (dar bofetadas) o piropear (decir piropos) - o de objeto - lotear (dividir en lotes) o trozear (dividir en trozos) -, que se incorpora al verbo como Objeto efectuado o afectado. Cuando en la paráfrasis que da cuenta de su significado, como en los ejemplos anteriores, el sustantivo base está en plural indicando que la acción se realiza más de una vez, su valor es iterativo Sin embargo, coincidimos con Rifón (1997: 68) en que con estos verbos esta afirmación en algunos casos debe ser matizada, ya que, aunque –ear expresa prototípicamente iteratividad, no es obligatorio que lo haga (pág.: 70). Así, como en los ejemplos de este tipo del corpus, el valor iterativo no es claro, como ya dijimos, los hemos considerado aspectualmente neutros. Dentro de este grupo ubicamos a cliquear y defaultear que derivan de sustantivos de acto y según Solé et alii (2000: 362) aceptan la paráfrasis “hacer N”.. El onomatopéyico cliquear («hacer clic al apretar el mouse»  «pulsar el mouse» ) proviene del ámbito de la computación, mientras que defaultear («caer en default o cesación de pagos»), es un tecnicismo económico formado sobre la base extranjera default, que en estos días, y debido a las circunstancias por las que atravieza el país, ha pasado a la lengua general.
A pesar de la caracterización de Rifón presentada más arriba, ninguno de estos dos verbos es usado como transitivo:

Cliqueá en/ sobre el ícono/ Cliqueá (aquí)y espera a ver qué aparece en la pantalla.

La Argentina defaulteó el mes pasado.

Su esquema argumental exige un Agente que crea u origina un Objeto, que resulta entonces, efectuado, y constituye un argumento incorporado.a la base – cliquear = «hacer clic» «pulsar/apretar (en) el mouse de la computadora»; defaultear = «hacer un default»  «dejar de pagar (a alguien)». Según las paráfrasis, en ambos casos hay un argumento por defecto , no manifiesto sintácticamente, respectivamente, el mouse y alguien.
d) Verbos de Beneficiario (negativo) obligatorio. En relación con los ejemplos anteriores,
los dos casos de este tipo – ningunear y primerear - tienen un significado menos transparente y presentan un matiz negativo que los acerca a los verbos de comportamiento habitual, aunque su valor aspectual fuera de contexto no resulta muy definido. Ningunear significa «menospreciar, hacer a menos, desvalorizar» (DVEHyD: 1076), primerear, que ya ha sido registrado en el DVEHyD (pág. 1174) como argentinismo: «ser el primero en ejecutar una acción, anticiparse a otro u otra», recientemente ha adoptado otra acepción derivada de la anterior, pero más específica, a la que hacemos referencia aquí, que ha pasado del lenguaje periodístico al general, y significa «ganar de mano, sacar una primicia». Dado que en nuestros dos ejemplos el significado es idiosincrático, no resulta posible proporcionar una paráfrasis general que los abarque, sino que solo son aceptables las de tipo individual, respectivamente ‘desvalorizar X a Y’ y ‘aventajar X a Y’. De este modo, si bien no hay un núcleo de significación común, lo que claramente se ve es que ambos casos exigen, además del Agente, un Beneficiario negativo [+humano] que representa al perjudicado por la acción realizada por el Agente.

¿Qué más quieren de mí? Soy el único que dice ...que si hay re-reelección yo bajo mi candidatura, pero ustedes me ningunean: ...(reportaje al político Ramón Ortega, Clarín, 24/01/99)

Si yo me relajo, el otro me primerea (el periodista político Ernesto Tenembaum, en el programa televisivo Detrás de las noticias, 21/12/001)

En cuanto a la base de derivación, ningunear representa un tipo poco común puesto
que proviene de una base pronominal – ninguno –, primerear deriva de un adjetivo ordinal recategorizado como sustantivo – (el) primero -. En este último caso, también podría pensarse, sobre la base del significado que ya ha sido registrado en los diccionarios «ser (el) primero, anticiparse», en una derivación adjetival a la que le correspondería la paráfrasis “ser A” (Solé et alii 2000:360). No obstante, pensamos que la acepción de “aventajar, sacar a otro una primicia”, que el verbo ha adquirido recientemente, favorece su interpretación como ‘acción o modo de actuar’.
Por último, excepto cacerolear, cuyos derivados ya hemos mencionado, el resto de los verbos considerados no ha resultado productivo hasta el momento, por lo que no hemos registrado derivados en –ada o en –ría formando serie con ellos (cf. Pena 1993: 238 y ss.).
- Los verbos en –izar y sus derivados nominales
El sufijo –izar, tercero en productividad de los que el español utiliza como verbalizadores, tiene generalmente valor causativo parafraseable por “causar X” y puede unirse a bases sustantivas o adjetivas. Dentro de las creaciones recientes que hemos registrado en la Argentina con este sufijo, son denominales samanthizar, tinellizar y lecopizar, todas con derivados en –ción; y también dos formas en -ción: dolarización , que proviene del ya existente dolarizar, y fabelización; los únicos casos deadjetivales que hemos hallado son bancarizar y el nominal culpabilización, de culpabilizar
- Verbos denominales.
Si bien los distintos autores que han estudiado este sufijo, han reconocido varios tipos
de verbos formados con –izar , los ejemplos del corpus son todos de tipo resultativo y se interpretan como “hacer o convertir en N”. Teniendo en cuenta los valores semánticos que manifiestan, los cuales en gran medida dependen del sustantivo del que derivan, así como la estructura argumental del verbo, hemos agrupado los ejemplos en dos subtipos:

a) Verbos de estado resultativo Pueden parafrasearse como “dar las propiedades de N”  “hacer N o semejante a N”. A la última interpretación - semejante a N - corresponden los ejemplos de nuestro corpus, por el sentido comparativo que presentan. Pueden construirse con un Agente y un Tema o aparecer como procesos que afectan a un Tema
- tinellizar, fabelizar, samanthizar, delarruizar..
b) Verbos de conversión. La paráfrasis que los describe es “convertir X (de N1) a N2 ” – lecopizar, dolarizar-. Suponen un Agente que convierte un Objeto de un tipo N1 (Fuente), que es un argumento por defecto, a otro tipo N2 (Meta), lexicalizado.

Pasemos, ahora al análisis de cada sutipo.
a) Verbos de estado resultativo. En este grupo ubicamos tres verbos derivados de nombre
propio – Tinelli, Samantha, De La Rúa – y uno que proviene de una base extranjera – fabela - El primero de los ejemplos – tinellizar – es un término creado por Juan Pablo Baylac, vocero de prensa del expresidente De La Rúa, quien lo formó a partir del nombre del conocido periodista y empresario de los medios, Marcelo Tinelli, ya que en su programa televisivo se imitaba de modo ridículo al presidente y esta conducta se estaba generalizando en los medios y en la sociedad, de modo que, en opinión de Baylac, estaban tinellizados. Aunque ni Pena (1993) ni Rifón (1997), ni tampoco Solé et alii (2000) mencionan o ejemplifican verbos en –izar formados a partir de sustantivos propios, Lang.(1990: 218) destaca la gran capacidad de combinación de este sufijo con este tipo de nombres. En el español de Argentina, anteriormente a tinellizar, dos veranos atrás se había difundido otro verbo en –izar formado a partir de un sustantivo propio cuando todos los medios de comunicación utilizaron samanthizar, derivado del nombre propio Samantha, que era una de las imputadas en un sonado caso judicial. Samanthizar significaba «convertir un asunto en escandoloso y mediático». El más reciente de los tres casos, delarruizar, surgió este verano luego de la caída del presidente De La Rúa,. La tapa de una conocida revista mostraba una foto del actual presidente Eduardo Duhalde, mientras que el titular se preguntaba si su gobierno estaba por delarruizarse, lo que significaba, que corría el peligro de caer en la inacción que caracterizó al gobierno anterior.
Todos los verbos de este grupo son asimilables al tipo que Pena (1993) y Rifón (1997) consignan como «derivados de sustantivos que designan un estado o una clase que posee una serie de características que pueden ser interpretadas como un estado” (Rifón pág.: 87), p. ej. agonizar o democratizar. En los casos del corpus: tinellizar, delarruizar, fabelizar y el ahora ya casi desaparecido samanthizar, por un lado, los sustantivos base se toman con un valor estereotipado que engloba una serie de características cuyo conjunto puede ser asimilado a un estado, que es causado por la acción del verbo así, p.ej. tinellizar es «dar a algo las características (de los programas) de Tinelli»  «causar o poner en el estado de tinellización». Pero, además, estas formaciones tienen sentido comparativo: ya que tinellizar no es ni “hacer N” (como en el caso de los derivados que provienen de nombres de materia - carbonizar, cristalizar - ni “convertir en N” (como en los resultativos transformativos, cf. infr.- dolarizar-), sino “hacer como/semejante a”, p. ej. Samantha/ (los programas de) Tinelli/ (el gobierno de) De La Rúa, etc. Así, cuando el periodista N. Castro en su programa televisivo El Juego Limpio (4/01/02), habló del peligro de fabelización en el país, no se refería a que este se convertiría en una fabela, sino al riesgo de llevar a los más desposeídos de la Argentina, a un estado de miseria semejante al de los habitantes de fabelas de Brasil. Por otra parte, en tinellizar y delarruizar también se reconoce el procedimiento metonímico de nombrar, en el primer caso, al productor por el producto y en el segundo, al ejecutor por el resultado.
Desde el punto de vista de su estructura argumental, estos verbos siempre involucran como argumento por defecto un Tema y pueden ser tomados como causativos, con un Agente que produce el estado resultante de, p.ej. tinellización/fabelización, etc, o pueden presentarse directamente como procesos:

Juan Pablo Baylac, el vocero del presidente argentino Fernando de la Rúa, ha denunciado en los medios de comunicación, el proceso de tinellización de la política de este país....(Comunica. Unidad en la diversidad. Programa informatio sobre la lengua castellana. Sección Actualidad. 11/07/01)
b) Verbos de conversión. Derivan de sustantivos de objeto, aunque no indican que este
sea efectuado por la acción del verbo, como analizar o sonetizar (Pena :1993 y Rifón 1997: 88), ni tampoco se refieren a una transformación en el sentido físico, como carbonizar o cristalizar, sino que están tomados como nombres de clase o tipo entre los que se produce una conversión. Los dos casos del corpus - dolarizar y lecopizar - provienen de la economía y, como ya hemos visto con otros términos de este ámbito, la profundidad de la crisis del país hace que, al ser reproducidos a diario en los medios, rápidamente pasen al habla cotidiana de los argentinos.
Dolarizar, que ya figura en los diccionarios («hacer que la economía de un país tenga como patrón o referencia monetaria el dólar» (DVEHyD: 623), ha dado recientemente el derivado nominal dolarización.
Y, según el titular del Palacio de Hacienda, la convertibilidad no es dolarización. (Clarín, 7/ 4/ 01)

Lecopizar derivado del acrónimo LECOP (Letra de Cancelación de Obligaciones Provinciales), nombre con que se conocen los bonos emitidos por el estado, hace referencia a una de las posibilidades de transformación de la moneda nacional «dar curso legal como moneda nacional al bono LECOP».
Para describir el significado de estos verbos hemos adaptado la perífrasis “convertir en N” con que Solé et alii (2000:380) describen el significado de verbos que indican transformación física, como carbonizar. La paráfrasis para los verbos de conversión es, entonces, “convertir X (de N1) a N2”, ya que en estos casos, además del Agente que la produce, hay un Objeto - v g. la economía – que se convierte de un tipo N1, argumento por defecto, a un tipo N2, lexicalizado – p.ej. de peso a dólar/lecop, etc.
- Verbos deadjetivales.
Los dos casos deadjetivales del corpus – bancarizar y culpabilización, nominal formado a partir del ya existente culpabilizar - responden a la caracterización de Rifón (1997: 96) para los derivados de este tipo: las bases son adjetivos complejos de tipo relacional , respectivamente bancario y culpable, creados mediante sufijos adjetivales, en este caso
-ario y -able. Estos verbos deadjetivales, por lo general, indican un «proceso de cambio al estado indicado por el adjetivo base» (pág. 98) . La paráfrasis que les corresponde, según Solé et alii (2000: 379) es “hacer A”.
En cuanto a bancarizar, el significado que se le otorga en estos momentos en el país no coincide exactamente con el que está ya está registrado en los diccionarios , sino que la acepción con que se lo utiliza es «hacer (o convertir en) bancario (cualquier trámites) ».
Desde el punto de vista argumental este verbo supone un Agente que actúa sobre un Objeto. Por otra parte, dado que en bancarizar «hacer bancario» implica «hacer a través del banco» (cf nota 26, def. del DRAE) , reconocemos en la base nominal banco - de la que deriva el adjetivo base bancario- un sentido instrumental que permite relacionar al verbo con el pequeño grupo de verbos denominales en .-izar, reconocido por Rifón (1997: 95) «que expresan la utilización de un instrumento», así, p.ej., computadorizar es «someter datos al tratamiento de una computadora». El significado de bancarizar puede parafrasearse como «realizar transacciones exclusivamente bancarias o a través de los bancos».
Culpabilizar figura en el diccionario con idéntico significado que culpar («atribuir la culpa o acusar» (DVEHyD: 449)). Desde el punto de vista formal, culpabilización muestra un «sofisticado» proceso de derivación prácticamente cerrado, dado que, excepto un elemento flexional o algún prefijo, no parece que la palabra pueda admitir otra derivación.

Base nominal Derivado verb.1 Derivado adj Derivado verb.2 Derivado nom.2 Derivación

Culpa culpar culpable culpabilizar culpabilización N1V1 Adj V2N2

Tomado en su acepción del diccionario, culpar y culpabilizar, no son más que una ejemplificación de doblete, sin ninguna justificación. Sin embargo, en el español de Argentina, al menos, cada forma verbal ha tomado una especialización de significado: así culpar es “echar culpa, acusar” y culpabilizar, que incluye el valor modal de posibilidad que le otorga el sufijo –ble más el sentido causativo de –izar, se interpreta como «hacer culpable o dotar a X de culpa» , lo que muchas veces en el uso equivale a «hacer sentir culpable». Tal como fue utilizado por el escritor Jorge Asís en el programa televisivo Hora Clave (6/12/01), el neologismo culpabilización hacía referencia al hecho de que la sociedad argentina estaba culpabilizando de sus males (= «haciendo sentir culpable») a toda la clase política, sin distinciones; lo que en opinión del escritor no era justo.
- Los verbos en –ificar y sus derivados
Con este sufijo culto que, al igual que el anterior, verbaliza bases con sentido causativo, hemos registrado en nuestro corpus: pesificar, zonificar y rezonificar, que también forman derivados en –ción: pesificación, rezonificación.

Vecinos en el debate por la rezonificación (Titular en el diario Clarín, 3/4/01)

Los tres ejemplos registrados responden al patrón más productivo para este sufijo, ya
que las bases son sustantivos y los derivados son tecnisismos, el primero del mundo de la
economía y los otros dos corresponden al planeamiento urbano. Las clasificaciones que presentan los distintos autores respecto de los verbos formados con este sufijo atienden más que nada a si el derivado es denominal o deadjetival, o a si tiene origen culto o vulgar. Para el análisis de nuestros ejemplos, todos denominales, preferimos considerar el significado que adopta el sufijo, tal como se muestra en la paráfrasis que aceptan los derivados, y la estructura argumental del verbo. De este modo, los hemos agrupado en dos subtipos:

a) Verbos resultativos de conversión. Tanto la estructura argumental como la paráfrasis - “convertir X (de N1) a N2” - son las mismas que para –izar de conversión.- pesificar.
b) Verbos de organización. Representan un valor típico del sufijo en relación con su uso científico (como en clasificar o dosificar). Les cabe la paráfrasis “hacer N’s, a partir de dividir un todo X en N’s” .Se trata de verbos de Objeto efectuado a partir de un Objeto-Fuente por un Agente - zonificar y rezonificar:

Veamos, entonces, los ejemplos de cada tipo:
a) Verbos resultativos de conversión.
Pesificar (convertir en pesos todas las deudas en dólares) es un tecnisismo económico derivado de un nombre de objeto, pero como ya hemos visto para los verbos en
–izar de este tipo, el sustantivo base no indica objeto efectuado ni cambio de estado físico, como petrificar, sino que se toma como nombre de clase o tipo al cual se produce la conversión: de dólar a peso.
En estos días, pesificar está cobrando una inusitada difusión que lo ha hecho pasar a la lengua general, aunque, sin duda, tal expansión no se debe a sus características morfológicas sino a que, luego de la derogación de la ley de convertibilidad, que establecía la paridad peso-dólar, se tornó vital para los deudores que el monto de sus deudas se pesificara o convirtiera en pesos. Según vemos, pesificar involucra un Agente que convierte un Objeto (deudas) de su valor en dólares, que (como ya vimos con dolarizar y lecopizar) es el argumento Fuente por defecto, a pesos, argumento lexicalizado. Sin embargo, dado que inicialmente solo se pesificaban deudas hasta cien mil dólares, pronto comenzaron las protestas, llave en mano (símbolo de la compra del inmueble por el que la gente se había endeudado), de los excluidos de la pesificación o no pesificados. En esta insólita derivación el participio de pesificar es utilizado para referirse, no a las deudas, sino a sus tenedores «aquellos cuyas deudas no han sido pesificadas», que metonímicamente se convierten en «los no pesificados», con lo que el participio adquiere el rasgo ‘humano’, ausente tanto en la base peso, como en el derivado pesificar.
b)Verbos de organización. Existe un grupo de verbos en –ificar, que incluye formas como dosificar, clasificar, tipificar, que no hemos encontrado particularizado en ninguno de los trabajos sobre el tema. Dentro de nuestro corpus, corresponden a este tipo zonificar y rezonificar. Se trata de verbos que suponen un Agente que actúa sobre una totalidad indiscriminada a la que organiza en partes, que se originan por efecto de la acción realizada. La particularidad de estos verbos es que, tal como se manifiesta en las dos paráfrasis que aceptan, ofrecen una doble lectura:

El intendente decidió zonificar la región 
P.1 El intendente propuso dividir la región en zonas
P.2 El intendente propuso hacer zonas en (a partir de) la región
(Cf. dosificar el medicamento: dividir el medicamento en dosis/ hacer dosis con el medicamento; clasificar los insectos: dividir los insectos en clases/ hacer clases con los insectos)

La estructura argumental supone siempre un Agente que actúa sobre un Objeto existente, al que consideramos como Fuente – la región/ el medicamento/los insectos - y su acción origina un Objeto efectuado, que es el que el verbo lexicaliza.

4. Algunas conclusiones
El estudio de los neologismos recientes en el español de la Argentina se ha realizado teniendo en cuenta dos niveles de análisis profundamente interrelacionados. Por un lado, hemos considerado las particularidades correspondientes a su formación y estructura interna y, por el otro, hicimos hincapié en las particular situación social, política y económica en que cada término se ha originado. De este modo constantemente nos ha interesado constatar cómo se despliegan los recursos intralingüísticos para hacer frente a las exigencias y necesidades del entorno extralingüístico.
El análisis efectuado nos ha permitido comprobar que las palabras no solo denotan objetos y fenómenos del mundo, sino que también expresan las vivencias de la comunidad respecto de la realidad que la circunda.
Desde la perspectiva lingüística, a pesar de la gran efervescencia en la generación de nuevos lexemas, los neologismos registrados responden en su conformación a las reglas y tendencias de formación de palabras propias de la lengua. No hemos encontrado formaciones ex-nihilo; los derivados del corpus provienen tanto de palabras existentes – cacerolear, convertibilidad –, como de palabras no existentes pero posibles, cuya formación no requería alterar las reglas regulares de formación del español – empleabilidad (de *empleable), receptabilidad (de receptable), fabelización (de *fabelizar).
En cuanto a las clases de palabras involucradas, hallamos tanto derivaciones típicas - deadjetivales, denominales y deverbales –, como otras consideradas «marginales» (Serrano-Dolader 1999: 4686), que provienen de: onomatopeyas (cliquear), nombres propios (tinellizar, delarruizar), pronombres (ningunear) o acrónimos (frepasista, lecopizar).
El procedimiento estudiado, la derivación sufijal, ha resultado ser un mecanismo sumamente activo en la formación de nuevas palabras. Asimismo, determinados sufijos, como –bilidad y -ero/era entre los nominales, y -ear o –izar, entre los verbales, se han mostrado altamente productivos y prácticamente no tienen límites en su aplicación. De las conjugaciones verbales la única productiva es la primera, por lo que se tiende incluso a generar dobletes para suplantar verbos de las otras dos conjugaciones. En cuanto a los sufijos verbales, justamente aparecen los tres que Pena (1993: 221) identificó como productivos en la lengua –ar, -ear, izar, y, en la formación de tecnicismos, que muchas veces también pasan a la lengua general, también hemos encontrado derivados con –ificar.
Si bien hemos hallado muchas acuñaciones, es decir, neologismos de forma y sentido- cliquear, prepotaje, pesificar, empleabilidad o defaultear –, buena parte de los neologismos del corpus son resemantizaciones o cambios de significado. En este último caso la creación neológica puede tomar una palabra de la lengua general y derivarla a un ámbito específico, como en el caso de «ley de convertibilidad», estableciendo a veces una derivación metafórica como en «travestismo político» o «blindaje económico».
Se utiliza, en cambio, un procedimiento metonímico en formaciones como tinellizar y delarruizar o en los no pesificados; en los dos primeros casos, el nombre propio a partir del cual se forma la derivación en realidad se refiere no al realizador sino a lo producido por él; en el segundo, el procedimiento es inverso: el atributo que corresponde al objeto deuda, se adjudica a sus posesores.
Otras dos fuerzas que operan con vigor en la creación de neologismos son: la tendencia a la disimilación que promueve la distinción del significante en casos en que el hablante percibe alguna diferencia o matiz de significación distinto – motoquero (frenta a motociclista), culpabilización (frente a culpa), repetismo (frente a repetición) - y su opuesta: la asimilación, mediante la cual el hablante tiende a establecer una asociación mental entre los significados de palabras con igual desinencia – competitividad y convertibilidad, receptabilidad y aceptabilidad, etc.
Asimismo, más que de resemantizaciones, que, como en los casos mencionados más arriba, implican un cambio de ámbito o una especialización en el uso de la palabra, en otros casos, como escrache y cacerolear,podría hablarse de nuevas vigencias o revitalizaciones, que consisten en retomar un término en un nuevo contexto de situación, con lo cual la palabra se llena de valores nuevos. Así, por ej., cacerolear era un término que en la década del ‘70 sirvió para expresar la protesta de la derecha chilena contra un gobierno socialista, en la Argentina de los ’90, cuando la clase media convierte a la cacerola en el instrumento de protesta por excelencia, llegando a derribar un gobierno que había sido elegido con el voto popular, y continuando el reclamo contra la clase política y la corrupción en general, el término cobra una dimensión social más amplia. Lo cual se pone en evidencia por la gran cantidad de derivados, existentes y nuevos, que pone en vigencia: cacerolero, caceroleo, cacerolada, cacerolazo y cacerolito (los dos últimos aludiendo a las dimensiones que puede alcanzar la protesta).
Por último, nos interesa destacar que los neologismos, tanto los que tienen un origen técnico como los surgidos en ámbitos más cotidianos, puestos en uso van sumando connotaciones, muchas veces fuertemente subjetivas, que revelan, como decía Matoré (1953: 21), «el valor social de la palabra», el cual, para este autor, no se explica por su sentido universal y general, sino por su uso en ciertas combinaciones sintagmáticas en el contexto y por las relaciones asociativas a que está ligada la palabra en la consciencia. Así, p. ej. un tecnicismo económico por su sentido y por su formación como pesificar, que, además, responde a un mecanismo de economía propio del lenguaje: en vez de «convertir en pesos», pesificar, por la profunda repercusión social de lo que el concepto asociado implica, no solo pasa a la lengua general rápidamente, sino que en el uso comienza a cargarse de valores más subjetivos, algunos, como los que ya vimos en expresiones como los pesificados, que añade el rasgo ‘humano’, ausente en el lexema base del que el neologismo proviene. Asimismo, las construcciones en que interviene, también comienzan a cargarse de matices emotivos; p. ej., mientras en su exposición técnica, realizada después de la devaluación de principios de este año, el ministro de economía, de forma impersonal anunciaba que se pesificarían las deudas, los deudores preferían referirse a la misma situación utilizando expresiones como Me pesificaron, donde claramente manifestaban su condición de afectados al personalizar la construcción a través de la forma pronominal me.
En suma, nuestra pregunta constante ha sido qué mecanismos mentales se ponen en juego en la formación del neologismo, más allá, o mejor aún, junto con la combinación de bases y sufijos.La respuesta ha sido que los neologismos no solo revelan la gran vitalidad de la lengua, sino que el hablante suele valerse de ellos para explicarse y explicar el mundo que lo rodea. Por lógica, entonces, las situaciones de crisis activan más que nunca estos recursos combinando los elementos de la lengua, dando nuevo significado a otros ya existentes, o simplemente revitalizándolos en función de las nuevas situaciones que se presentan. De los neologismos formados, algunos responderán mejor a la dinámica de la lengua y quedarán incorporados al vocabulario de la comunidad, pudiendo incluso, en algún momento, pasar al español general, otros, en cambio, irán cayendo en desuso y esfumándose en el devenir lingúístico.
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EL “VALOR” DE LA PALABRA. EL LÉXICO COMO ELEMENTO INTEGRADOR DE LAS COMPETENCIAS LINGÜÍSTICA Y COMUNICATIVA - Mabel Giammatteo e Hilda Albano –

EL “VALOR” DE LA PALABRA.
EL LÉXICO COMO ELEMENTO INTEGRADOR
DE LAS COMPETENCIAS LINGÜÍSTICA Y COMUNICATIVA
- Mabel Giammatteo e Hilda Albano –


1. ¿POR QUÉ EL LÉXICO?

El léxico tiene un carácter central en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Desde sus inicios en 1998, nuestras investigaciones han tomado como eje el léxico, no en un enfoque lexicográfico, que considera la palabra aislada y desgajada de su contexto, sino considerando su incidencia en la comprensión y producción de los estudiantes de distintos ciclos de escolarización.
Para abordar esta problemática esencial para el ámbito educativo, nos centramos en dos competencias primordiales: la lingüística y la comunicativa, y las abordamos desde un enfoque cognitivo. En relación con la primera competencia, nuestro objetivo es lograr que los estudiantes conozcan el sistema de la lengua y puedan reconocer las múltiples posibilidades expresivas que brinda a sus usuarios. En cuanto al aspecto comunicativo, no solo importa que amplíen cuantitativamente su vocabulario, sino que también adquieran herramientas para comprender las palabras en diferentes contextos y puedan usarlas en la elaboración de textos coherentes, eficaces y adecuados a distintas situaciones. El enfoque elegido es el cognitivo porque consideramos que el léxico no solo influye en el logro de una mejor expresión, sino que constituye una vía de acceso al conocimiento y, conjuntamente con las estructuras de la lengua, colabora eficazmente en el desarrollo y formación del pensamiento crítico y reflexivo.

2. LA COMPETENCIA LINGÜÍSTICA

El lenguaje constituye el medio principal por el que los seres humanos nos comunicamos. En su forma oral, su empleo nos resulta natural y es la base sobre la que se asienta toda nuestra vida social. Sin embargo, no estamos acostumbrados a reflexionar sobre él, ni a pensar que posee una organización muy elaborada que hace posible no sólo informar a nuestros interlocutores acerca del mundo que nos rodea, sino también comunicar ideas, emociones y deseos, es decir, todo cuanto incluye la vida intelectual, afectiva y volitiva. En cuanto al pensamiento, el lenguaje no sólo lo transmite, sino que contribuye a su misma formación, de modo que, como plantea Piaget (1983: 141-2), « uno de los dos términos se apoya necesariamente en el otro, en una formación solidaria y en una perpetua acción reciproca».
Con todo, el aspecto central del lenguaje es que resulta consustancial al hombre, ya que, como capacidad humana, forma parte de nuestra dotación biológica, si bien para su desarrollo es necesario interactuar con el medio que nos rodea.
El lenguaje como facultad está en la mente del hablante y se puede decir que cada hablante nativo posee o tiene internalizada la gramática de su lengua, en tanto puede identificar, formar e interpretar las palabras y oraciones que se producen en ella. Así, aunque probablemente no podría explicarlo, ya que se trata de una capacidad no consciente, cualqur hablante de español, no sólo es capaz de, por ejemplo, derivar una forma en –mente a partir de palabras como rápido, útil o social, sino que además “sabe” que no puede hacerlo a partir de otras, como mesa o vaso, es decir que, independientemente del nivel cultural o educativo que posea, seguramente no intentará formar palabras como *mesamente o *vasomente . Asimismo, su competencia de hablante le permite construir oraciones bien formadas, negativas, como No va a la plaza, o pasivas, como Los visitantes son agasajados por las autoridades, y no equivocarse produciendo formas agramaticales para el español como. *Va a no la plaza o *Los visitantes es agasajado por las autoridades.
Este conocimiento subliminal del que el hablante común no puede dar cuenta, es el que Noam Chomsky (1965: 4) denominó competencia y distinguió de la actuación o uso de la lengua. Cada uno de los miembros de este par puede caracterizarse como:
Competencia: el conocimiento tácito del hablante acerca de su lengua.
Actuación: el uso real de la lengua en situaciones concretas.
En una perspectiva cognitiva , como la esbozada aquí, al estudio del lenguaje le interesa dar cuenta de la competencia como sistema internalizado por el hablante acerca de su lengua. Respecto de esta facultad, la actuación no sería más que “un imperfecto reflejo” (Radford 1997: 2), en el sentido de que en el uso que hacemos del lenguaje se cometen errores de pronunciación, faltas de concordancia, falsas interpretaciones debidas a un sin fin de factores extralingüísticos (cansancio, distracción, precipitación, entre otros). Por supuesto, esto no significa que los aspectos relacionados con la actuación no sean de interés. Sólo que su estudio implica perspectivas y metodologías diferentes de las que se ocupan diferentes ramas de la lingüística, como por ejemplo, la pragmática, la psicolingüística y la sociolingüística, que tratan, respectivamente, de la lengua en situaciones concretas de uso y de las condiciones internas (psíquicas) y externas (sociales) de comprensión y producción por parte de los usuarios.
Antes de introducirnos en la otra competencia esencial para el uso del lenguaje - la comunicativa – vamos a presentar un somero panorama acerca del sistema de la lengua y de sus interrelaciones con el componente léxico.

2.1. Interfaz I: Léxico y gramática
La facultad del lenguaje es una, pero las capacidades que necesitan los hablantes para comprender y producir mensajes son múltiples. En consecuencia, la gramática de una lengua está formada por un componente central, al que Chomsky (1995) denominó el sistema computacional, que es el mecanismo cognitivo específico que permite formar adecuadamente las expresiones lingüísticas en una lengua determinada (cf. op. cit.: 164). Pero de nada serviría esta capacidad, si las expresiones bien formadas no tomaran una forma comunicable. Para ello, por un lado tienen que estar dotadas de un significado y, por el otro, deben ser pronunciables. De este modo, para satisfacer las condiciones externas de salida, es decir, el hecho de que las expresiones lingüísticas se interpretan semánticamente y se pronuncian en una forma determinada, además del sistema computacional, la lengua debe poseer dos componentes de interfaz que permiten relacionar la facultad del lenguaje con otros dominios, en concreto, el físico del sonido y el conceptual del significado. Estos componentes de interfaz son el articulatorio-perceptivo o componente fonológico y el conceptual-intencional o componente semántico .
Componente Sintáctico
Sistema computacional central


Componente Fonológico Componente Semántico

Interfaz articulatorio-perceptiva Interfaz conceptual-intencional
Ahora bien, como ya planteaba Ferdinand de Saussure (1945 [1916]: 223), la gramática como descripción de un estado de lengua, no puede restringirse «a la morfología y la sintaxis reunidas, con exclusión de la lexicología o ciencia de las palabras.». Asimismo, un autor salido del tronco generativo, Ray Jackendoff (1996: 109) también ha sostenido que «para producir la ilimitada variedad de oraciones posibles de una lengua, el usuario debe tener en su memoria a largo plazo no solo las reglas de combinación sino también algo para combinarlas». Ese “algo más” son las palabras. Por tanto, desde esta perspectiva, el léxico se concibe como una interfaz que vincula los diferentes niveles de representación que intervienen en la organización de la lengua, de modo que “un ítem léxico establece una correspondencia entre fragmentos bien formados de la estructura fonológica, sintáctica y conceptual” (Jackendoff 1990: 18). Para ilustrar este planteo, veamos un ejemplo tomado de la formación de palabras mediante el prefijo negativo in-, como en intolerante, imposible o irregular, en las que se reconoce que
- fonológicamente, la consonante final del prefijo in- se adapta al sonido inicial de la palabra que le sigue, lo que da por resultado: in + tolerante, pero im + posible e i + regular ;
- morfosintácticamente, la conformación de dichas palabras exige un orden determinado entre los elementos: in + tolerante, pero no tolerante +in;
- semánticamente, el prefijo in- puede adjuntarse a bases con significado positivo como tolerante, posible o regular, pero no tiende a hacerlo con bases negativas como feo o malo: *infeo, *inmalo, *intorpe .
Según vemos, entonces, la estructura lingüística (i.e., la gramática de una lengua) comprende distintos componentes que presentan complejas interacciones que se establecen mediante interfaces, por las cuales fenómenos de un nivel se conectan o muestran dependencias respecto de los de otro(s) componente(s). Así, como vimos en el ejemplo, no sólo algunos aspectos de la estructura de la palabra pueden ser explicados en relación con las restricciones que imponen distintos componentes, sino que también muchos aspectos de la sintaxis se iluminan si se correlacionan con el significado de los lexemas que intervienen en la construcción. Veamos nuevamente un ejemplo. A partir de un verbo con un esquema transitivo como sembrar, que según el DRAE: 2042) significa “arrojar y esparcir las semillas en la tierra preparada para tal fin” (DRAE: 2042), será posible contrastar y evaluar la aceptabilidad de distintas combinaciones:
1. Este año sembramos soja/ trigo/ lino
2. El año próximo sembraremos sombreros/ cacerolas/ desodorantes/ computadoras .
3. Sembraremos computadoras en las regiones más alejadas del país/en todas las aulas.
Mientras en (1) sembrar unido a un complemento referido a una planta y forma una oración aceptable, (2), con un complemento que menciona un objeto ‘no sembrable’, resulta anómala, excepto que, como en (3), la interpretación se derive a un significado metafórico, en el que el sembrar solo signifique ‘esparcir, distribuir’
Ahora bien, ¿qué sucede con expresiones como las siguientes, ninguna de las cuales presenta problemas para ser interpretada por los usuarios: en (4), a pesar de que el complemento es un sustantivo abstracto, se impone para el verbo el valor más general de ‘desparramar, esparcir’, mientras que en (5), la derivación metafórica se elabora a partir de una suposición hipotética relativa a un mundo posible: Si sembráramos vientos…. :
4. Su enigmática respuesta sembró dudas/ sospechas respecto de los hechos.
5. Quien siembra vientos recoge tempestades.
Así las cosas, avanzar en la interpretación de las oraciones, desde los significados convencionales, que son los que el hablante tiene internalizados – p.ej. sembrar como “arrojar y esparcir las semillas”-, a otros menos frecuentes y que, por lo tanto exigen mayor esfuerzo interpretativo, como los sentidos derivados y metafóricos (cuya comprensión y explicación consideramos fundamental para los estudiantes), hace necesario también incluir una perspectiva amplia, que junto con las estructuras abarque el léxico.
Pasemos ahora a la otra cara de esta facultad tan elaborada y que implica reconocer que, junto con el conocimiento lingüístico, que permite constituir palabras y oraciones bien formadas, los hablantes también requieren una competencia comunicativa que los habilite para utilizar dichas expresiones adecuadamente en las distintas situaciones de uso.

3. LA COMPETENCIA COMUNICATIVA

Aunque la expresión competencia comunicativa acuñada por al lingüista norteamericano Dell Hymes (1972) se haya creado por oposición a la noción de competencia lingüística, surgida en el seno de la gramática generativa, nuestro planteo es que ambos “conocimientos” son complementarios.
[…] el niño normal adquiere un conocimiento de las oraciones no sólo como gramaticales, sino también como adecuadas. Adquiere una competencia sobre cuándo hablar y cuando no, así como de qué hablar, con quién, cuándo, dónde, y de qué manera. (op.cit : 277)
En esta perspectiva, un hablante-oyente competente de una lengua no solo debe tener internalizado el conocimiento de las estructuras de la lengua con sus correspondientes vinculaciones con el universo semántico-intencional y con el articulatorio-perceptivo, sino que la completa interpretación de los mensajes que produce y recibe exige algo más. Así, según el enfoque integral de la lengua que propiciamos, para poder emitir o recibir comprensivamente un mensaje no alcanza con codificar o decodificar, según sea el caso, su significado explícito o literal, lo que se dice, sino que también se requiere tener en cuenta lo que no se dice, pero puede ser deducido, aquello que el emisor quiere decir o lo que el destinatario quiere entender.
De esta manera, el término competencia comunicativa hace referencia a la capacidad para identificar (como receptor) o utilizar (como emisor) las convenciones socio-culturales y psicológicas que determinan el uso del lenguaje en un contexto espacio-temporal determinado.
Pero volvamos a la ejemplificación. Al regresar a su casa, después de un mes de vacaciones, el encargado del edificio donde vive le entrega al Sr. López un papel doblado que le dejaron en portería. López lo abre y lee la nota manuscrita que dice:
6. Miguel:
Luis estuvo hoy por la oficina. Dijo que vuelve en unos días. Pedro
En un sentido, podemos decir que el mensaje de Pedro a Miguel, se entiende, pero ¿es así realmente, o mejor dicho, hasta dónde se entiende? Nos encontramos en un punto crucial, en que el solo conocimiento de las estructuras y los significados de las palabras empleadas en el mensaje no son suficientes para la cabal comprensión. En principio, descifrar acabadamente este mensaje exige una serie de conocimientos que van más allá del universo puramente lingüístico y que incluyen:
datos referenciales: la identificación de Miguel con el Sr. López, receptor del mensaje y la de Pedro, el emisor, con la persona que pasó por el domicilio de López y dejó la nota;
datos inferenciales: como lectores ajenos al contexto interpersonal de la nota, no tenemos modo de realizar inferencias que nos permitan identificar a Luis, más allá de que se trata de una tercera persona masculina mencionada por Pedro en la nota. Por otra parte, tampoco podemos localizar temporalmente la situación, puesto que una palabra como hoy necesita decodificarse en relación con el momento de enunciación del mensaje, que no solo nosotros, sino también el mismo receptor, en este caso, desconoce, por lo cual tampoco podrá saber –dado que su ausencia se ha prolongado por un mes- si Luis ya ha vuelto a pasar o no.
datos ilocutivos: de los cuales tampoco podemos dar cuenta, y que incluyen información relacionada con para qué quería avisarle Pedro al Sr. López que Luis había estado por la oficina y que volvería en unos días. Es decir, no tenemos medio de identificar el acto de habla involucrado, que podría tratarse tanto de un simple aviso como de una advertencia.

3.1. Interfaz II: Léxico y mundo

3.1.1. La función del contexto
Como acabamos de ver en el ejemplo, orientarnos en el universo informativo puede no ser fácil, sin embargo, también aquí el léxico suele proveernos algunas pistas que los hablantes y receptores competentes deben aprender a interpretar. Así, como de la mano de la competencia lingüística el léxico nos introdujo en el interior de la estructura de la lengua, desde la vía comunicativa, el léxico nos conduce hacia el exterior y nos muestra las conexiones de la lengua con el denominado conocimiento de mundo o enciclopédico.
En esta perspectiva, cada palabra es una gestalt de contenido que se despliega en interacción con el contexto textual y/o situacional. Así, la palabra morfología dentro de la disciplina lingüística se interpreta como “el estudio de la estructura de las palabras”, pero en realidad, morfología, solo significa “el estudio de la forma”, por lo que también puede aplicarse a otras áreas como arquitectura, medicina, etc., donde las formas correspondientes no serán las de las palabras, sino las de los armazones y de los organismos, respectivamente. Otro ejemplo similar puede ser el de migraciones que, hasta no hace mucho, se refería sobre todo al “desplazamiento geográfico de individuos o grupos, generalmente por causas económicas o sociales” (DRAE: 1504), pero hoy en día, en el ámbito informático, también se vincula con “el traslado de los sistemas operativos”. En función de lo dicho, tanto (7) como (8) serían oraciones ambiguas, si no se ligaran con los contextos correspondientes
7. Estudia morfología en la universidad
8. Hicimos un curso sobre migraciones
De este modo, coincidimos con Bernárdez (1998:11-12), para quien
el léxico representa la vía primera y más importante de activación del fragmento de mundo y acceso a él. Pero el léxico tiene una característica fundamental que complica ese acceso y esa activación: es impreciso
Esta imprecisión suele crear problemas de interpretación tanto en la conversación cotidiana como en los contextos más formales, en que se requiere un uso muy riguroso de los términos. Otros ámbitos, como la literatura o el humor, por el contrario, se benefician de esta particularidad y generan exprofeso contextos deliberadamente ambiguos. Podemos, así, recordar un ejemplo memorable como el de El Lazarillo de Tormes, en el que al referirse Lázaro, al más miserable de sus amos, el clérigo que le mezquinaba la comida, lo describe como “largo solo en el talle”, jugando con el doble sentido de largueza, como “longitud” y “generosidad”. Para recordar que el humor bien entendido empieza por casa, también podemos ver cómo se juega con las dos acepciones del verbo llamar (“nombrar” y “convocar”) en este chiste sobre argentinos:
9. Un argentino entra a un quiosco en Madrid. Autosuficiente y seguro, sin siquiera saludar, le dice al que atiende:
-Che, gallego, dame un paquete de cigarrillos.
-Aquí, a los cigarrillos les llamamos pitillos-dice el quiosquero.
-Esta bien, ahora dame una caja de fósforos.
-Aquí a los fósforos les llamamos cerillas.
-Y decíme una cosa-pregunta el argentino-,¿acá cómo llaman a los boludos?
-A los boludos no los llamamos-replica el quiosquero-,vienen solos por Aerolíneas Argentinas (Extraido de Barbosa M., 2002)



3.1.2. La dimensión histórico-cultural del léxico
Otro aspecto esencial para la interpretación de los lexemas en los diferentes mensajes tiene que ver con los factores histórico-culturales.
En principio, la mayor parte de las palabras, sino todas, aunque en algunas la cuestión pueda pasar más desapercibida, incluye ‘marcas’ acerca de su origen o bien respecto de los contexto(s) socio-culturales en que se pueden utilizar. Al respecto, Matoré (1953), para quien la palabra no es una simple etiqueta que cataloga las cosas, sino que cristaliza los conceptos, plantea que los hechos de civilización pueden estudiarse a partir del estudio del vocabulario. Señala así que, por ejemplo, un término como coque está indisolublemente ligado con la revolución industrial ocurrida en Inglaterra a fines del siglo XVIII. En este sentido, Matoré la considera una palabra testigo, símbolo del cambio, tal como haríamos con celular, dvd, computadora o pen-drive, en nuestro tiempo. Más fundamentales aún que las palabras testigo, pero mucho más reducidas en cantidad, son las palabras clave, ya que estas, según el lingüista francés, expresan lo esencial de una época y hasta cierto punto su ideal Matoré ejemplifica este concepto con términos como Ilustración para el siglo XVIII o Independencia para el siglo XIX americano. Llevando esta conceptualización a nuestra época, sin duda la palabra clave no sería otra que globalización.
Según vemos, en mayor o menor medida, las palabras están saturadas de su época. Así, en un excelente poema sobre la pena de muerte, la escritora argentina, María Elena Walsh, hace un recorrido por la historia humana. Sin embargo, todo el texto está en presente y no hay ni una fecha. Los datos necesarios para ubicar los hechos a los que se refiere el poema son léxicos. La autora describe las diferentes formas de matar a lo largo de más de veinte siglos de “civilización” mediante los siguientes términos, cada uno de los cuales remite a un momento y lugar diferente:
Lapidar: Medio Oriente, castigo dado a las mujeres adúlteras, que lamentablemente se mantiene aun en la actualidad.
Arrojar a los leones: Imperio Romano, castigo particularmente usado con los cristianos.
Condenar a la hoguera y quemar vivo: castigo medieval para los herejes y las mujeres consideradas brujas.
Descuartizar: época colonial en América, alude al suplicio de Tupac Amaru.
Condenar a la horca: castigo para los siervos de la gleba en el Medioevo.
Condenar a la guillotina: castigo común en la época de la Revolución Francesa.
Fusilar en medio de la pampa: se refiere a la muerte del Gral. Dorrego a causa de una interna de unitarios.
Fusilar encinta: alude al castigo recibido por Camila O’Gorman en la época de Rosas, por tener relaciones con un sacerdote.
Suicidar (= hacer suicidar) se refiere a la muerte del poeta Oscar Wilde.
Enviar a la silla eléctrica: castigo típico para los delincuentes, en Estados Unidos.
Arrear a la cámara de gas: castigo para los judíos, gitanos y otros grupos étnicos y sociales en la Alemania nazi
Arrojar semivivo a una fosa común: castigo utilizado por los militares argentinos durante la época del Proceso.

ACTIVIDADES I

1. Leer atentamente el siguiente poema de María Elena Walsh y luego resolver lo pedido más abajo


a) Seleccionar las distintas expresiones que manifiestan el significado de ‘matar’, según los usos y costumbres en las distintas épocas y culturas
b) Descomponer dichos lexemas y construcciones en sus rasgos de significado constitutivos.
Nota: Todos los lexemas contienen el rasgo ‘matar’ más algún otro u otros específicos
Ejs. Lapidar: ‘matar’ ‘arrojando piedras’
Guillotinar: ‘matar’ ‘decapitando’ ‘en la guillotina’
Arrojar a la hoguera: ‘matar’ ‘arrojando (a la víctima)’ ‘en el fuego de la hoguera’
etc…
2. El lexema ‘morir’: se trata de un término general que puede aplicarse en cualquier contexto con el significado de ‘terminar la existencia’ ‘de cualquier ser vivo’.
a) Considerar qué sucede con términos como secarse (una planta), fallecer, estirar la pata, pasar a mejor vida ¿En qué tipo de contexto se usaría cada uno de ellos?
b) Los anteriores son sinónimos descriptivos: comparten el significado conceptual y varían en sus valores asociativos. Un caso semejante sería el de: papá/ padre/ progenitor/ viejo. Aportar otros ejemplos
c) Desde el punto de vista cognitivo, la expresión pasar a mejor vida instaura el modelo de ‘la vida como un tránsito’. Buscar otros ejemplos que transmitan esta misma conceptualización de la muerte y emplearlos en oraciones.
3. Considerar el siguiente relato breve de Oesterheld y luego resolver lo pedido
a) ¿En qué época transcurre ?
b) ¿En qué tiempo está narrado el relato?
c) ¿De qué recursos se vale el autor para transladar al lector a los distintos períodos históricos que menciona el relato?
d) Identificar los diferentes momentos históricos a los que hace referencia el cuento y seleccionar los lexemas que los mencionan.
e) ¿Tiene alguna moraleja el cuento?

Ejecución
Año 2068, en Buenos Aires. Aniceto Lara se gana la vida en Balvanera, una reserva urbana dedicada a preservar las pintorescas costumbres del Buenos Aires de principios del 1900. Aniceto es cuarteador, ayuda a los tranvías de caballos que deben repechar una cuesta. Gana poco, lo mismo les pasa a los otros que trabajan de compadritos, de organilleros, etc. Empujado por el deseo de sacar a su mujer, Laura, del conventillo en que viven, Aniceto decide cometer un crimen: se ha enterado de que en San Isidro vive un millonario completamente solo.
Consigue entrar en la casona, asiste escondido, a las fantásticas reconstrucciones históricas que son el hobby del millonario: robots que parecen seres de carne y hueso, teleguiados por computadoras, reviven escenas culminantes del pasado histórico. Aniceto asesina al millonario y ya escapa cuando pone en marcha, sin querer, una reconstrucción histórica: es después de Caseros, los robots-soldados de Urquiza están cazando mazorqueros, lo acorralan, le preguntan qué color prefiere. El desdichado Aniceto no sabe historia, grita que rojo, lo degüellan.

3.2. Léxico y variación

Según veníamos viendo, todo hablante no solo tiene internalizado el conocimiento sobre su lengua (la competencia chomskiana o el sistema saussureano), sino también instrucciones que lo guían para determinar qué estructuras y qué elementos léxicos tiene que elegir para las diferentes situaciones y contextos en que pone en uso la lengua (lo que viene a significar el habla para Saussure (1945 [1916]) o la actuación, en términos de Chomsky 1965).
En este sentido, según Coseriu (1969:24):
Mientras que la lengua, evidentemente, tiene carácter general y abstracto, el habla es particular y ocasional; es la proyección en una realidad de los signos abstractos de la lengua (palabras). El habla es la actividad de hablar, en general, pero también cada acto particular de hablar. El carácter social o individual no es de por sí determinante, pues el acto lingüístico es al mismo tiempo social e individual.
Así, en cada actividad de hablar se ponen en juego varios aspectos que van desde los rasgos correspondientes al lugar de origen (variación geográfica), pasando por las particularidades socioculturales de quien emite el mensaje (variación sociocultural) y por las características impuestas por cada situación comunicativa (variación situacional). De allí que pueden señalarse, al menos tres tipos de variedades lingüísticas que operan conjuntamente en cada acto de hablar): variedades diatópicas; variedades diastráticas; y variedades diafásicas (Coseriu 1972)

2.2.1 Variación geográfica o diatópica

Del reconocimiento de la existencia de variedades se sigue que “la lengua no es una entidad unitaria”. Pero, no todos los hablantes dominan igual cantidad de variedades. Según Rotaetxe (1996), «el número de variedades que un hablante conoce constituye su repertorio verbal», pero ningún repertorio agota las posibilidades de una lengua, que constituyen un conjunto de referencia al que remiten las variedades. Con respecto al español, se trata de una lengua sumamente extendida. Es la lengua más hablada del mundo tras el chino mandarín, siendo también, debido a su propagación en Hispanoamérica, la lengua romance que ha tenido mayor difusión. Se comunican en español millones de personas a lo largo, mayoritariamente, del continente americano, además de España y de otras zonas geográficas, como por ejemplo, Filipinas, en Asia, y Guinea Ecuatorial, en África, donde es lengua oficial, al igual que en el estado libre asociado de Puerto Rico, en EEUU. En la actualidad es la lengua más hablada, después del inglés, en los Estados Unidos.
Pero en cada una de esas regiones, los hablantes la emplean de acuerdo con las características particulares que constituyen su dialecto, las que estarán presentes en cada uno de sus actos comunicativos. Así, por ejemplo, si un porteño escucha a un hispanohablante de otra zona dialectal seguramente entiende lo que dice porque habla su misma lengua, pero también advertirá ciertas diferencias que lo llevarán a darse cuenta de que su interlocutor no es porteño. Puede, entonces, suponer que se trata de alguien de alguna provincia del interior del país o bien de alguna otra zona de América o de España. Esta deducción puede basarse en diversas características diferenciales, entre la cuales las más relevantes son la entonación y la pronunciación de los diferentes sonidos , el uso de distintas formas pronominales para referenciar a la segunda persona de singular (uso de tú en lugar de vos) y plural (empleo de la forma vosotros), o el empleo de piezas léxicas diferentes a las de su variedad, como por ejemplo, metro en vez de subterráneo, o bus en lugar de ómnibus, o bien expresiones como venta al menudeo y al mayoreo por venta por mayor y menor. Por tanto,. respecto del español se puede afirmar que los hablantes de distintas zonas reflejan dialectos diferentes. Pero ¿qué es, pues, un dialecto? La respuesta es sencilla:
Un dialecto es la variante regional de una lengua. Los dialectos se distribuyen horizontalmente y están determinados por isoglosas, nombre técnico que designa las líneas geográficas imaginarias que unen puntos donde se producen los mismos fenómenos de variación de una lengua determinada (p.ej. todas las zonas donde se aspira la s).
Las isoglosas nada tienen que ver con fronteras geográficas que separan países. Estos no son, pues, zonas lingüísticas unitarias y, por otra parte, las fronteras geográficas no siempre señalan límites lingüísticos. Para delimitar un dialecto no basta con una sola isoglosa, que tenga en cuenta un solo fenómeno, sino que es necesario establecer varios que sean comunes a una región y sirvan para caracterizar su dialecto. Un diagrama como el siguiente puede ayudar a interpretar la complejidad dialectal del español. Los círculos designados (1), (2), y (3), pueden ser, por ejemplo, tres dialectos del español (el rioplatense, el madrileño, el mexicano), que más allá de sus diferencias, también tienen características comunes a todos, que son las que permiten la comunicación entre sus hablantes y constituye la denominada lengua general o supradialectal. Asimismo, la totalidad de los dialectos de una lengua conforma la lengua total

Este diagrama ilustra que un hablante de una zona dialectal puede comunicarse con hablantes de otros dialectos porque todos comparten la lengua general que, en opinión de Rosenblat (1967: 2) es «[…] una abstracción, una entidad ideal que se impone a todos los hablantes de una colectividad, que no se habla en ninguna parte y hacia la cual se tiende en todas».
Ahora bien, a lo dicho hasta ahora hay que agregar que, según Coseriu (1972: 91), entre el hablar concreto y el sistema abstracto, debe ubicarse a la norma, que
[…] contiene lo que en el hablar concreto es repetición de modelos anteriores [….e] impli ca la eliminación de todo lo que en el hablar es aspecto totalmente inédito, variante individual, ocasional o momentánea, conservándose solo los aspectos comunes que se comprueban en los actos lingüísticos considerados y en sus modelos.
La norma comprende formas admitidas como las mejores por la comunidad lingüística para el uso de la lengua en un momento de su desarrollo, por lo tanto también es variable.
Por ejemplo, en el estado actual del español, se admite para el presente de subjuntivo de haber la forma haya y no haiga, que sin embargo era considerada correcta hasta la primera mitad del s.XIX y que, a partir de la segunda mitad de ese siglo comenzó a retroceder y quedó restringida a la lengua no escolarizada.
Asimismo, además de la norma general del español total, constituida por todos los dialectos, en cada zona hay normas particulares a la que responden sus hablantes. Así, por ejemplo, tomemos por caso al voseo, una de las tres características principales de nuestro dialecto rioplatense, y que consiste en el uso de la forma vos para referenciar a la segunda persona en el trato coloquial y familiar, en vez del pronombre tú, empleado tanto en España como en otras áreas dialectales. En América, existen varias zonas voseantes, sin embargo, no se trata de un fenómeno homogéneo. En algunas partes, como en Uruguay, se utiliza el tuteo pronominal combinado con la forma verbal propia del voseo: tu cantás, mientras que en Santiago del Estero se da el caso inverso: voseo pronominal con forma verbal tuteante: vos cantas . Por último, también existe el voseo de Buenos Aires, con ambas formas, pronominal y verbal, voseantes: vos cantás.
En cuanto a las forma que adopta el verbo, existen tres tipos de voseo: el diptongado canteis o cantais; el llamado voseo argentino, monoptongado: vos cantás; y el chileno, que puede ser diptongado, cantai, o monoptongado, cantis. Estas formas también difieren en su extensión. El primer tipo es considerado una reliquia y solo se conserva en ciertas zonas andinas y el último, solo se da en Chile. El más extendido es el llamado voseo argentino que, si bien es propio del Río de la Plata, también se da en algunas áreas de Ecuador, Venezuela, Colombia, Bolivia, lugares en los que sólo se presenta por zonas, sin dominar toda la extensión del país.
Ahora bien, desde el punto de vista de la aceptación social, también hay importantes diferencias. En el Río de la Plata, el voseo, que se considera norma culta, es empleado por todas las clases sociales para el trato de confianza, mientras que se prefiere usted para el trato más formal. En cambio en otras zonas, como Chile, se mantienen tres formas: vos para el ámbito familiar, tú para el trato de confianza y usted para el de respeto. El voseo en Chile es permitido solamente en un ámbito familiar de muchísima confianza, mientras que es estigmatizado en otros contextos .
Volviendo al dialecto rioplatense, una segunda característica es el fenómeno denominado yeísmo, que consiste en la pérdida de distinción entre los sonidos correspondientes a las grafías ll y y, con lo que se homologa la pronunciación del sonido inicial de llave y lluvia con la de yema y yo. Se trata de una característica regional, ya que en otras zonas del país, como por ejemplo la de Corrientes, la diferencia de pronunciación se mantiene.
La tercera característica relevante del dialecto rioplatense es el seseo, que consiste en no hacer diferencia entre los sonidos que representan los grafemas s, z y c (delante de e/i) por lo que se iguala la pronunciación de casa y caza y también la de cepa y sepa.
Además de diferencias fónicas y morfológicas, como las que acabamos de presentar, los dialectos también se distinguen por sus preferencias dentro del repertorio gramatical que ofrece la lengua general. Así, mientras en España se mantiene el uso del futuro simple de indicativo y en sus aerolíneas se puede escuchar a las azafatas preguntar a los pasajeros ¿Tomará café o té?, en Aerolíneas Argentinas, conforme a nuestra modalidad dialectal se escucharía: ¿Va a tomar té o café?, ya que se prefiere la perífrasis ir a + infinitivo para indicar futuridad.
Por su parte, otras zonas del país se distinguen, además de por fenómenos entonacionales y de pronunciación, por otras características sintácticas. En el norte, por ejemplo, se registra la presencia del fenómeno denominado “leísmo”, que consiste en usar la forma pronominal le en lugar de lo o la, de modo semejante a como se usa en España: ¿Le ayudo?, Así se muestra en la siguiente emisión radiofónica de un abogado formoseño que se refiere a la muerte de un miembro de la comunidad originaria Qom:
10. Habrá que averiguar quién le mató al policía X.
Pero sin duda, las mayores diferencias entre dialectos se dan en el ámbito del vocabulario. La variación léxica para designar una misma realidad, es sin duda el aspecto más destacado cuando se habla de diferencias dialectales. Por ejemplo, para tomar el ámbito de la vestimenta, mientras en España se usan falda, chaqueta, impermeable y bragas, en Argentina se emplean pollera, saco, piloto y bombacha, respectivamente. Las diferencias léxicas también abundan respecto de otras regiones hispanoamericanas: por ejemplo en el ámbito de las verduras, frutas y legumbres, mientras aquí utilizamos maní, batata, porotos, en otras regiones se emplean cacahuate (México y Honduras), camote (América Central, Ecuador, Filipinas, México, Perún), frijoles (México). El término niño del español general puede ser reemplazado por términos locales como chaval (España), chavo (México), pibe (Buenos Aires), botija (Uruguay) o guagua (área andina). Curiosamente, este último término, guagua, se usa en Canarias y Las Antillas para referir al automóvil de servicio (DRAE 2001: 1163). El siguiente ejemplo, tomado de un medio gráfico, el diario La Nación de Buenos Aires (18/06/ 2006) y referido al conflicto por la instalación de papeleras en el margen del río Uruguay, muestra cómo, en una misma página, dos titulares escritos en lengua estándar incluyen piezas léxicas en lengua coloquial que remiten a la variación dialectal en la zona del Río de la Plata:
10. Los botijas de Montevideo piden que los dos presidentes dialoguen.
Los pibes de La Boca no quieren que el río Uruguay sea el Riachuelo.
En síntesis, los ejemplos presentados corroboran lo anteriormente señalado: “la lengua no es una entidad unitaria”. Y en el caso particular del español, en el que se reconocen una gran cantidad de dialectos, tenemos que añadir que ninguno es superior a los otros, es decir, ninguno constituye el modelo a seguir.
De allí que, como ya había planteado Rosenblat (1967: 5)
Una lengua no es una suma de variedades dialectales, sino una integración. Y esa integración resulta del juego variado y multiforme entre las fuerzas transformadoras que operan en todos los sectores […].
Esta particularidad del español se diferencia de lo que ocurre en otras lenguas, por ejemplo, el italiano, en el que se reconoce a uno de sus dialectos, el toscano, como el de prestigio. Respecto de la importancia de un dialecto sobre otros dentro del español, ninguna de las normas locales del mundo hispanoahablante disfruta de un prestigio superior al de las demás. No obstante, para ciertas finalidades que tienen que ver con intereses supranacionales, especialmente comerciales o de los medios de comunicación, se está utilizando el llamado español neutro. Se trata de una modalidad elaborada a partir del diasistema del español, que deja de lado las diferencias dialectales y omite variantes marcadas, como puede ser el voseo .
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3.1.3.2. Variedades socioculturales o diastráticas

Todo hablante refleja en cada acto de habla, además de las particularidades de su dialecto, otros rasgos, como por ejemplo, los socioculturales.

Las variantes que tienen que ver con su mayor o menor grado de escolarización o con su identidad profesional se denominan sociolectos. Así como los dialectos son variantes horizontales, los sociolectos son variantes verticales. En todo hablante, intersectan los aspectos dialectales y los sociolectales de manera que determinan que se pueda hablar de una determinada manera en una determinada ocasión.
En tal sentido, Rosenblat (op.cit.:3) sostiene que
[…] todo individuo es hoy “plurilingüe” (no políglota, claro está), en el sentido del sistema expresivo de su comunidad o de su clase social. Según las circunstancias, alterna su “argot” profesional, sus formas locales o familiares, su habla social y formal, y se adapta insensiblemente a los usos, variados y divergentes, de sus interlocutores, y a veces los adopta […]
Otro aspecto que se relaciona con lo sociocultural y que está presente, también en el hablar, es lo que permite distinguir la lengua estándar o variedad escolarizada de la forma subestándar, también estigmatizada como lengua vulgar o variante no escolarizada, que es la que no se atiene a las normas vigentes. La primera, en cambio, manifiesta una variedad ampliamente difundida y aceptada por la mayoría de los hablantes, que sirve de modelo y de referencia para toda la comunidad. Es la que se emplea en la educación formal y en los medios de comunicación. Se trata de la lengua que incluye las normas generales y excluye variantes locales y formas “marcadas”, propias de la lengua no escolarizada, que se manifiestan en distintos aspectos, como ser fonético: dentrífrico, en lugar de dentífrico, nasta por nafta, refalar, por resbalar; morfológico: dea en lugar de dé; estea por esté; haiga por haya, sintáctico: mese cayó en lugar de se me cayó; léxico: recalcarse el pie en lugar de retorcerse el pie.
Una manifestación de la lengua subestándar es el argot, considerado el lenguaje utilizado dentro de grupos sociales que comparten características sociales y/o profesionales para comunicarse entre sí. Tal es el caso, por ejemplo, del caló, en España, el slang, en los Estados Unidos, la giria, en Brasil, o el coa, en Chile. Para muchos autores, se podría incluir como un caso de argot, el lunfardo rioplatense. Así, para Clavería (1967),
argot resulta ambiguo como término lingüístico, pues no solo ha servido para designar el lenguaje del hampa, sino también los lenguajes especiales, técnicos o secretos, de ciertas profesiones o de ciertos grupos sociales, el habla del bajo pueblo y hasta el lenguaje coloquial.
Sin embargo, Conde (2010: 59) insiste en no considerar como argot el lunfardo, que
[…] debe ser entendido como un modo de expresión popular o, para que quede más claro todavía, como un vocabulario del habla popular de Buenos Aires. Pero, aunque su origen pueda ubicarse en Buenos Aires, este vocabulario se ha extendido ya, primero a toda la región del Río de la Plata y luego al país entero.
Entre los muchos términos que conforman el léxico lunfardo, se pueden citar como ejemplos: viaraza (enojo), buzarda (barriga), chafar (robar), chupar (ingerir bebida alcohólica), patinar (fracasar), quincho (peluquín), faso (cigarrillo), alpiste (vino); biyuya y morlacos (dinero), mina (mujer), azotea (cerebro), turro (mala persona).
Respecto del origen del vocabulario lunfardo, denominado así, pues no constituye un sistema lingüístico, sino un repertorio lexical, hay opiniones encontradas. Barcia (2008: 40) sostiene que «[…] fue asociado en su origen y uso al mundo delictivo, primero de ladrones, y luego de malvivientes, en general, a lo cual se suma el mundo de la prostitución». Por el contrario, para Conde (op.cit.:23)
El lunfardo, así como los restantes argots, es un habla creada por el pueblo que no tiene nada de secreta. Su uso, alternativo al de la lengua oficial, es, al mismo tiempo, un modo de situarse en relación al poder que esta representa, una manera de eludir los tabúes a través del lenguaje y una cierta forma de resistencia.[…] En el uso del vocabulario lunfardo hay, además de expresividad, una altísima cuota de rebeldía, de inconformidad. Pero también hay mucho de lúdico.
También suele incluirse como manifestación de lengua subestándar, la jerga caracterizada por Alonso y Henríquez Ureña (1958:13) como
el vocabulario especial de una profesión u oficio cuando implica, a la vez, baja cultura […] La jerga indica desvalorización o menosprecio.[…] Son formas subestándar correspondientes a algunas de las lenguas técnicas.
Como ejemplo de jerga en el ámbito militar se puede mencionar el término tagarna, que era empleado con el valor de “el bobo, el tonto”. Otros casos, tomados del ámbito estudiantil son expresiones como traga (acortamiento de tragalibros, que significa ‘muy estudioso’) , lo bocharon, me sonaron, etc.
Dentro de las peculiaridades de la lengua no escolarizada, se incluye, en el caso de nuestro país, la denominada lengua rural, de uso campesino, más tradicional, más conservadora de formas antiguas del español, que se extiende por gran parte del territorio. Incluye arcaísmos, es decir, elementos lingüísticos que corresponden a estados anteriores de la lengua. Si bien la llegada de los medios masivos de comunicación y la tecnología digital está modificando esa lengua rural, hay rasgos que perduran, por ejemplo, algunos cambios fonéticos: peliar en lugar de pelear; vía en vez de veía, ajuera y pajuera por afuera y para afuera; dislocaciones acentuales: váyamos en lugar de vayamos, máiz por maíz; rasgos sintácticos como el uso del verbo saber en lugar de soler en la perífrasis de habitualidad (sabe venir los sábados); y variantes léxicas: expresiones como al ñudo por “inútilmente”. Cabe señalar que la lengua rural, especialmente de la provincia de Buenos Aires, tiene muchos puntos en común con la lengua rural de cualquier zona de América o de España.
Respecto de los ruralismos, Barcia no los asocia con lo “”vulgar” y sostiene que
Hay vulgarismos rurales y urbanos “albear” (madrugar) o “ aperar” son ruralismos pero no vulgarismos. Acorde con la índole agrícola-ganadera del país, lo rural comprende un vastísimo caudal léxico que alude a las tareas agropecuarias, a las faenas gauchas y a las realidades campesinas: “abichar”, “palenque”, “jagüel , etcétera » (l.c: 80).
Más allá de la distinción dada por nivel de escolarización, entre lengua estándar y lengua subestándar, en el caso del español de nuestro país se reconoce la lengua coloquial, que es la de la conversación cotidiana de tono familiar. Como ejemplos de sus manifestaciones pueden mencionarse expresiones relacionadas con el campo visual y el auditivo, por ejemplo: Mirá que eso corre por tu cuenta, Oí(me) bien lo que te voy a decir, ¡Ojo (cuidado) con lo que hacés o decís!. Y también expresiones como: (Me fue) como la mona (muy mal); Sos un verdadero cachivache (algo ridículo); ¡Tiene un tarro (una suerte)!; Me da cosa (no me animo a hacerlo); Es un cero a la izquierda (no vale nada); Tomátelas (retiráte); Hace escombros por nada (molestar, enojarse); Che flaco; Le gustan las pilchas (la ropa); No te hagas el piola (el vivo), etc. También en el nivel coloquial se ubican términos como abatatar, luca (billete de mil pesos), macanudo (buen tipo), apichonarse (acobardarse), pibe, forro (persona despreciable), carajear (insultar), boludo (tonto), franelear (mantener sin resolver una situación) y expresiones como: cagar fuego (fracasar, morir), dar bola (prestar atención), andar al palo (estar excitado ), hinchar las pelotas (molestar).
Dentro de la estratificación socio-cultural hay otro nivel de lengua que entra en intersección con los diferentes factores intervinientes en un hecho de habla en la lengua general: el léxico técnico-profesional, respecto del que no hay desvalorización, sino que se utiliza para nombrar las especificidades de un área del saber. Por ejemplo: hipoacusia, cefalea, hipertensión arterial (medicina), fonema, sintagma, lectos (lingüística), átomo, molécula (física), lucro cesante, inflación (economía), etcétera.
Dentro de las variantes socioculturales puede señalarse la etaria, que incluye los aspectos o modismos lingüísticos que se localizan entre los miembros de una misma generación. En este sentido, un aspecto interesante a considerar por la dinámica que implica es el lenguaje de los jóvenes. Un ejemplo de lenguaje juvenil en el presente es la expresión ¿Cómo va?, empleada en Buenos Aires a modo de saludo. A la vez que generan términos y expresiones novedosas como cortamambo (aguafiestas), ser colgado (distraído), estar copeteado (un poco borracho), producirse (maquillarse, arreglarse), tunear/se (adornar/se), los jóvenes porteños revitalizan lunfardismos de vieja data como bondy (colectivo), mina, pibe, chabón (tipo, apelativo) o (el) quía (la persona de quien alguien habla, pero no nombra), muchos de los cuales han pasado por el tamiz revitalizador del rock nacional o han sido resemantizados en décadas recientes, como trucho (falso, del lunfardo trucha, cara) .
Otra variedad a tener en cuenta es el sexo, ya que las formas de comunicarse de mujeres y hombres también presentan diferencias. Así, por ejemplo, mientras que un hombre joven puede decir: ¡Qué tuneada está! en referencia a que una mujer tiene muchas operaciones de cirugía estética; una joven puede usar una expresión como alto chabón para referirse a un joven muy apuesto.
En el habla de la Argentina, otro factor que incide es el bilingüismo, que puede caracterizarse como el uso habitual de dos lenguas en una misma región o por una misma persona. Dentro de nuestro territorio, la existencia de pueblos originarios, como el mapudungun, el toba, el wichí, el vilela, entre otros , permite hablar de comunidades bilingües para las que el español es segunda lengua, dado que la de su comunidad es la primera. Por otro lado, la constante inmigración hacia nuestro país de personas provenientes de países vecinos, como Paraguay, Bolivia, Perú, que pertenecen a comunidades originarias de esos países, hace que en el español de la Argentina ingresen palabras, giros, construcciones de lenguas como el guaraní, hablado por todos los paraguayos, o del quechua o aymara, hablado en amplias zonas de Bolivia y Perú. La incidencia de estas lenguas es muy notoria en ciertas regiones de nuestro país. En el español de Corrientes, por ejemplo, por influencia del guaraní suele omitirse el pronombre en función de OD. De allí que se escuchen emisiones como: Este es un rosal. Yo Ø traje de Buenos Aires, en lugar de Yo lo traje; o bien Compré un vestido nuevo pero todavía no Ø usé. En hablantes de origen boliviano de ascendencia quechua, suelen registrarse, en su uso del español, construcciones como: de mi hermana su marido en vez de ‘mi cuñado’, o Son de mi madre sus tortas por ‘Mi madre hizo esas tortas’, o bien Es del agua su duro para referir al ‘hielo’. En todos estos casos la construcción posesiva primero señala que no se trata de una persona u objeto de pertenencia directa del hablante.

3.1.3.3 Variedades diafásicas

En cada hecho lingüístico—oral o escrito-- además de manifestar las particularidades de su dialecto y los aspectos socioculturales que acabamos de ver (cf. supr. § 3.1.3.2), el hablante tiene que utilizar determinadas pautas lingüísticas para adecuar la lengua a la situación comunicativa. De allí que puede decirse que el contexto que origina la situación comunicativa se introduce en el texto.
Esta particularidad de adecuar la lengua a la situación comunicativa constituye lo que se da en llamar el registro y consiste en usar el lenguaje de modos diferentes en situaciones diferentes.
Esto es posible porque todo hablante, en términos generales, tiene almacenado junto al sistema de la lengua un conjunto de instrucciones para saber en qué situaciones debe emplear los giros, construcciones sintácticas o piezas de vocabulario para que sean adecuados a la situación comunicativa. Al respecto, Halliday (1982: 83-106) sostiene que toda situación comunicativa difiere de otra por tres aspectos básicos: el campo del discurso, el tenor y el modo.
- El campo del discurso, es decir, la naturaleza de la acción social que está ocurriendo (una exposición académica, una reunión familiar, etc.) que, a su vez se relaciona con un marco institucional determinado en el que se produce el intercambio (la universidad, el contexto familiar, etc). Tiene que ver con el tema, por un lado, y por el otro, con la situación en que están ocupados los participantes.
- El tenor, es decir, el grado de formalidad del intercambio y la relación que mantienen los participantes, que puede atender a lo
i) personal, o sea a lo relativo a cada participante: su posición, grado de involucramiento, etc
ii) interpersonal, o sea lo vinculado a la relación entre hablante/ oyente que puede ser:
a) simétrica/ asimétrica;
b) formal (protocolar/ profesional/, etc.)/ informal (coloquial, familiar, etc.);
- El modo del discurso, o sea, el papel que desempeñan los recursos del lenguaje y la organización simbólica del texto, que tiene que ver con su posición y función en el contexto, incluyendo el canal de expresión elegido (oral /escrito). También se refiere al modo retórico, es decir, a la función que se espera que cumpla el hecho de habla: referencial (referida al contexto), expresiva (vinculada al emisor), apelativa (orientada al oyente), metalingüística (referida al código o sistema de la lengua), poética (orientada al mensaje mismo y a su elaboración) (Jakobson 1984).
Podemos ilustrar la necesidad de adecuar la lengua a distintas situaciones comunicativas mediante algunos ejemplos. Comenzaremos con (12), (13) y (14), creados a partir de (11), un acto de habla real recogido en las calles de Buenos Aires, perteneciente al habla oral coloquial:
11. Piba, yo estudié, yo soy abogado y sé de costas.
En (11) encontramos un vocablo de origen lunfardesco: piba, ya incorporado en el habla coloquial de Buenos Aires, junto a un término propio del ámbito profesional, del área del derecho: costas. Dado el contexto de producción –habla oral espontánea - el mensaje se inserta en la lengua estándar coloquial. Ahora bien, si ese hablante, que se autodefine como “abogado” fuera profesor universitario y tuviera que explicar a sus alumnos el concepto de “costas”, tendría que hacerlo utilizando la lengua formal e incluyendo términos técnicos especializados:
12. Costas son las erogaciones ocasionadas por un proceso judicial.
Imaginemos, ahora, que ese abogado se encuentra en su estudio jurídico y tiene que comunicarle a uno de sus clientes con el que mantiene un trato formal, es decir, de no confianza, que debe pagar las costas por haber perdido un juicio. En su acto de habla tendrá que emplear recursos de la lengua estándar en su variante más formal:
13. Señor, lamentablemente, tengo que comunicarle que debe pagar las costas dado que el juicio le ha sido desfavorable.
Por último, imaginemos a ese mismo abogado frente a un cliente con el que también mantiene una relación de amistad y, por lo tanto de confianza, al que tiene que comunicarle que debe pagar las costas por el juicio perdido. En esa circunstancia puede elaborar un acto de habla apelando a recursos de la lengua coloquial y hasta subestándar:
14. Flaco, no te queda otra. Pagá las costas, si no querés ir en cana.
A diferencia de las situaciones anteriores, el siguiente ejemplo tomado de un caso real ilustra un caso de inadecuación respecto de la situación comunicativa. Dos personas con un amplio dominio de la lengua suben a un taxi. Una de ellas le indica al taxista el lugar adonde quieren ir y se produce el siguiente intercambio:
15. Pasajera 1: La elección del derrotero queda a su cabal criterio.
Taxista (dándose vuelta y dando muestra de no haber entendido): ¿Qué?
Pasajera 2 (comprendiendo la desorientación del taxista): Vaya por donde le parezca mejor.
Taxista (asintiendo con la cabeza como muestra de que finalmente ha entendido el mensaje): ¡Ah, sí, sí, claro!
Otro aspecto que interviene en la producción del acto de habla es el género discursivo, en el que convergen el tema de que se trata y la forma que se le quiere dar. Al respecto Eggins y Martin (2001:364) sostienen:
[…] la teoría de registro y género considera que el texto, y por lo tanto las preferencias léxicas, gramaticales y semánticas que lo constituyen, codifica e interpreta las diferentes capas del contexto en el que se realiza. Los términos registro (contexto de la situación) y género (contexto de la cultura) identifican las dos capas más importantes del contexto que tienen un impacto sobre el texto y, por ende, son las dos dimensiones principales de la variación entre los textos.
En relación con la intersección entre género y registro, dentro de los recursos de que disponen los hablantes, podemos destacar aquellos casos en que dentro de un texto, pertenenciente a un género y un registro determinados, deliberamente se introducen elementos léxicos correspondientes a otro u otros registros con el objeto de romper con la isotopía dominante y producir efectos estilísticos específicos. Veamos algunos ejemplos tomados de diferentes géneros y estilos:
16. Emisiones periodísticas radiales:
- La oposición, exenta de principios políticos concretos, busca carroña con los actos del Bicentenario.
- Escribe con elegancia, pero esa no es más que una expresión literaria pedorra.
- Twitter es un lugar muy bartolero.

17. Texto literario
El abuelo se trepó sobre una piedra, tocó la campana talán, talán,
y chistó varias veces enérgicamente hasta que consiguió imponer´
un silencio impresionante.
Entonces dijo:- ¡Alumnos!
-Presentes…-contestaron todos muertos de miedo,
de chucho, de cuicui y de julepe. (M. E. Walsh, Dailán Kifki)

18. Texto humorístico
Inodoro Pereyra manda a su perro Mendieta a buscar unas tijeras de podar
“A la orden” –responde Mendieta
-A la orden o al portador”, retrueca el gaucho. (N° 24, “De estos hermosos cielos”)

Por último, la contraposición entre “norma” y “uso” no es tan obvia y evidente como parece; porque el uso—todo uso—es normativo en alguna medida. El uso es una realidad social y le pertenece el carácter fundamental que en su sociología señaló Ortega y Gasset: la vigencia. Al respecto Julián Marías (1967:32) señala:
Todo fenómeno social es temporal. Todo uso se inicia por acciones individuales, todavía no sociales o colectivas, y solo con el tiempo adquiere vigencia. Esta, por su parte, una vez establecida, se ejerce como tal durante el tiempo en que conserva su vigor. Finalmente, lo pierde, se diluye, volatiza o decae, se debilita o es sustituida según los casos.

En relación con el recorrido aquí trazado, nuestro punto de arranque ha sido la competencia, conocimiento internalizado de su lengua que pone a disposición del hablante múltiples, infinitas, posibilidades. Sin embargo, según hemos visto, en el uso, según las distintas regiones, grupos o situaciones comunicativas, se imponen algunas formas y se desechan otras. Los usos ejercen presión sobre nosotros y nos obligan a ajustar nuestra conducta a ellos o bien a resistirlos, a discrepar. El léxico, como ningún otro componente, refleja esta dinámica: mientras, por un lado, la competencia léxica se refiere al conocimiento del potencial significativo y expresivo de los ítems de una lengua así como de la red de conexiones que cada uno puede establecer con otro u otros; por el otro, en cada situación, el uso exige que ese potencial se actualice y resignifique a partir de los vínculos efectivos que la palabra contrae y de las coordenadas espacio-temporales, culturales y comunicativas que representa.




ACTIVIDADES II

A. Analizar los siguientes textos considerando las variaciones diatópicas, diastráticas y diafásicas
I
A mí, tan luego, hablarme del finado Francisco Real. Yo lo conocí, y eso que éstos no eran sus barrios porque él sabía tallar más bien por el Norte, por esos laos de la laguna de Guadalupe y la Batería. Arriba de tres veces no lo traté, y ésas en una misma noche, pero es noche que no se me olvidará, como que en ella vino la Lujanera porque sí, a dormir en mi rancho y Rosendo Juárez dejó, para no volver, el Arroyo. (J. L. Borges, Hombre de la esquina rosada.)
II.
—Che, vení... ¿A dónde vas?
—Voy a tender al sol esta bombacha de don Cosme, pa que se oree, don Panchito.
— ¿De quién?
—De don Cosme.
—Dejála ahí no más.[...]
—Voy a dir a colgarla en el cerco y vendré en seguida, don Panchito.
—No, dejála ahí no más, en el medio del patio... ¡ahí!
—Se va a ensuciar, don Panchito.
—No me importa; dejála y vení p’acá.
—Que mi mama se va a enojar, don Panchito... que don Cosme...
— ¡No importa! dejála y vení p’acá. (Benito Lynch, Los carachos de la Florida.)
III.
El aparato digestivo es un aparato que sirve para agarrar los alimentos; todos los alimentos se colocan en la boca y luego se mastica muy bien y se traga de manera infinita, y el alimento tragado pasa por un cañito que es la laringe, y luego pasa por el estómago, luego por el cardíaco y después llega a un lugar que es como una puertita que es el píloro. Luego sigue indiscutiblemente por el intestino delgado, y sigue, y cuando termina de pasar, llega al intestino grueso y entonces tenemos que ir al cuarto de baño y hacer del cuerpo y eso que sale por el ano, maestro, es lo que sobra, que no sirve para nada, y por eso pasamos al cuarto de baño.
(J. M. Firpo, ¡Qué porquería es el glóbulo!)
IV
El trío no se mueve, señores radioyentes y espectadores de este encuentro sensacional en la bombonera boquense, con los hinchas del equipo millonario fuertemente alarmados por la repentina enfermedad del centrojá, sustituido a último momento por un jugador desconocido para el público, y descubierto esta mañana en un potrero de la capital, sin experiencia profesional salvo pocas apariciones ante el público en un torneo infantil... y es él, es él que entra en la cancha seguro de la victoria, con la esperanza invencible de sus escasos diecisiete abriles, y ya empieza el partido, y la pelota pasa al campo millonario, está en peligro el arco de River Plate, señores, está en peligro, y sí, señores, a apenas dos minutos de iniciado el primer tiempo... ¡goool de Boca!, ¡goooool de Boca Juniors, braman las tribunas locales!(M. Puig, Boquitas pintadas.)
V
El bondi –talán, talán– agarró p’al Centro; iba superbo como una madre joven que, sotto la mirada del babo, porta en la panza las modernas generaciones que mañana reclamarán su lugar en las grandes meriendas de la vida… En su seno, con un tobillo en el estribo y otro sin domicilio legal, iba tu payaso querido, iba yo. Dijera un observador que el bondi cantaba; hendía el aire impulsado por el canto; las [sic] cantores éramos nosotros. Poco antes de la calle Belgrano la velocidad paró en seco desde unos veinticuatro minutos; yo transpiraba para comprender y anche por la gran turba como hormiga de más y más automotores, que no dejaba que nuestro medio de locomoción diera materialmente un paso.
El camionero rechinó con la consigna “¡Abajo los chichipíos!” y ya nos abajamos en el cruce de Tacuarí y Belgrano. (J. L.Borges y A. Bioy Casares: “La fiesta del monstruo”, Nuevos cuentos de Bustos Domecq)

B. En cada uno de los siguientes textos, explicar los desajustes con respecto a la forma de lengua empleada en cada hecho de habla.
I. Un becario se dirige por escrito al director del instituto donde realiza sus actividades de investigación, con quien tiene un trato formal.
Dr. X: Me excuso por no haber podido completar dentro del plazo establecido el informe trimestral correspondiente a mi investigación. Al llegar a las conclusiones se me volaron las ideas y mi mente quedó achatada.
II. Diálogo entre un paciente y su médico.
Paciente: Me duele muchísimo la zabeca, doctor.
Médico: Desde cuándo está con cefaleas?
III. Mensaje dirigido por un niño de ocho años a su madre
Mamá. Querría que comprendieras la desazón que me han producido las irreverentes expresiones vertidas por Juli, mi compañero de inglés.
IV. Mensaje de un docente dirigido a sus alumnos.
He preparado un power acerca de los fenómenos naturales producidos por las capas tectónicas. Pero me se cayó la computadora y no puedo colocar el pendrive.
V. Comentario de un médico en el transcurso de su clase universitaria.
¡Què inesperado fue, che!. Después de realizarle varios estudios se descubrió que el pibe es hipoacúsico.

Referencias
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Léxico, adecuación y vigencia